El amor perfecto, serie de cuentos cortos impersonales.

Originalmente, en esta entrada, estaba el cuento corto impersonal llamado El amor perfecto. Con la motivación de organizar un poco mis textos, abrí otro blog de nombre Un día de esos... en donde estarán publicados los textos que se puedan etiquetar de literarios y que inicialmente estaban en este blog.
Es el mismo cuento nada más que ahora cambia de nombre para pasar a llamarse Amor no se escribe en la pared. La entrada al relato que estaba aquí la publico en:
http://diadeesos.blogspot.com/2011/11/amor-no-se-escribe-en-la-pared-cuentos.html

Dejo aquí la primera parte que originalmente había publicado a modo de introducción. Si te gusta la literatura o tienes interés en algo que yo escriba en ese sentido (:P), te espero en Un día de esos...
¡Un saludo!
Me aventuro a escribir un cuento. El primero de todos.
Trata sobre un adolescente varón que conoce a una adolescente mujer.

Ambos vivirán historias que nunca antes vivieron.


Muchas historias terminan con finales felices pero no todas con un sentido revolucionario.


Empezaré por una serie de cuentos cortos. Escribiré hasta donde me dé el cuero...

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El amor perfecto.
Cuando un chico conoce a una chica.


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Él estaba con la iniciativa de ponerse a estudiar algo en la Universidad. Ella también. Los dos eran de otros lugares pero que coincidieron en uno solo. No estaría mal pensar que los dos fueron una flecha que dio en el blanco de ese lugar de Psicología.

Él era súper sociable, haciendo bromas y hablando tonterías a cada rato, un chico con sentido del humor y con llegada a las masas. Ella era más recatada, tímida, con mejores y más extendidas pausas al hablar, con la mirada seria que preponderaba, con esa mirada de reojo y a medio abrir, como inspeccionando siempre el ambiente, siempre. Ella era muy linda, preciosamente linda.


La primera vez que él le prestó atención -ya la había visto antes- fue a la salida del curso. Muchos de los chicos salieron al
hall de la sala, algunos se reunieron inmediatamente en grupos para conversar, otros, más tímidos, se hallaban solos o en compañía solamente de alguien más. Él, sociable como siempre, ya tenía con quién hablar. De hecho, eran varios en torno a sus habladurías en aquél hall.

Ella oyó que se estaba hablando, entre otras cosas, de organizar un grupo para estudiar y se sumó a la charla, mirándolo. Le dijo que si podía ingresar al grupo, que podían él, y los demás, ir a su casa a estudiar cuando quisieran. Lo dijo con la seriedad de un rostro propio de quien rompe un marco auto-establecido. Una vez consumada su intervención, se alejó, rumbo quizás a su casa. Él no la vio venir, pero sí irse: ¡qué hermoso andar! -pensó, viendo sus pompis firmes retirarse con un contoneo particular-. Le había gustado cuando se acercó, le gustó más cuando se empezó a ir. La primera paradoja se había dado.
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Nota: Decir pompis es la forma argentina más amena de referirse al trasero de una mujer. Lo mismo para las bobis, pero en referencia a la hermosa parte superior de ellas. Los adolescentes tucumanos no suelen utilizar corrientemente estas expresiones.