¡Que la pasen lindo, amigos!
¡Feliz Año Nuevo y próspero Reyes! (?)
Jajaja un saludo y muchas gracias por estar.
¡NOS VEMOS EL AÑO QUE VIENE!
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Imagen: http://ampabenageber.wordpress.com/2009/11/02/
Periodista: ¿Por qué sos tan libre?
Víctor Hugo Morales: Porque me voy a morir igual.
Según como lo veo yo, el deseo, es una inclinación de la voluntad por sobre un elemento que no se halla en el presente. Nace por los parámetros que fijan los sentidos y es una extensión dimensional de lo que ellos generan. Tal vez, la forma más frecuente de evaluación del procesamiento de un estímulo a través de un sentido sea la aceptación y el rechazo.El dualismo termina cuando uno se da cuenta que la belleza no tiene opuestos.He aquí un caso curioso en la misma esfera de escribir algo (manuscrito, con un lápiz) y posteriormente no entender la propia letra.
Mi Yo ─todo el rollo de lo que soy, con la ramificación de mis identificaciones, la consciencia, la memoria y el pasado, ese yo─ entiende la frase. Al idealizar la belleza la pone como algo único y, por lo tanto, sin partes ni opuestos. No obstante, lo sutil se transforma en un vicio, porque: no sé lo que digo. Por un lado las partes de siempre de mí mismo la entienden y, por otro, una esfera de lo que no soy me da una pauta diciéndome: «no, vos no entendés esa frase».¿El dualismo termina cuando uno se da cuenta que la belleza no tiene opuestos?Ya lo dije: Me siento más cómodo preguntando que respondiendo.
«Nosotros mismos somos tan mezquinos, tan esencialmente nada, y el culto de algo más grande que nosotros es tan estúpido y mezquino como nosotros. La identificación con lo grande continúa siendo una proyección de lo pequeño. Lo más es una extensión de lo menos. Lo pequeño, en búsqueda de lo grande, sólo encontrará lo que es capaz de encontrar.» (Krishnamurti)
¡Ven, ven, quienquiera que seas, ven!
Infiel, religioso o pagano, poco importa.
Nuestra caravana no es la de la desilusión!
Nuestra caravana es la de la esperanza!
¡Ven, aunque hayas roto mil veces tus promesas!
¡Ven, a pesar de todo, ven!
Existe en el hombre un segundo timón que tiene y cumple objetivos. Sus objetivos son parecidos en calidad a los de escribir un texto, tener un hijo o construir un edificio. Son parecidos, pero no los mismos.
No importa qué es lo que uno crea, cuando se cree en algo, el mecanismo en la mente es el mismo sin importar si se cree en Dios o en el pronóstico del clima. El proceso en virtud del cual sobreviene la creencia es siempre igual.