lunes, 28 de febrero de 2011

Publicidad en el Blog

Estoy pensando en incorporar publicidad de Google en el blog. Lo vengo pensando desde hace rato y sueño con pagarme el alquiler de la habitación con lo que se pudiera generar desde aquí.

Probé con otro blog que tengo y la publicidad no es invasiba, de hecho, le da cierto marco estético renovado al blog cuando lo comparo con una revista de papel. En mi otro blog experimental las publicidades que aparecen son gráficos bien hechitos y me gustó cómo quedó =D.

En fin, como dice un personaje argentino de los llamados mediáticos: "Hasta el Maipo no paro, no paro...".

Un saludo a todos =)

martes, 22 de febrero de 2011

Krishnamurti también pega coscorrones

Sí, yo deseo. Si bien, digamos, intelectualmente, sé lo que implica desear, considero que no llegué el núcleo del asunto como para comprender la trama íntima de lo que implica.

Pienso que mis deseos, en esta etapa de mi vida, son modestos. He aquí una lista no exhaustiva:

  1. Deseo un hogar. En un mundo capitalista no tener un pedazo de propiedad privada es algo raro (pongo la palabra "raro" para no poner otras mil palabras que pienso ahora). Entonces, me levanto y me voy de mi habitación a la cocina y me preparo un café con leche que saco del aparato llamado heladera. Voy a la sala en donde hay unos sillones y prendo el televisor. Abro el ventanal para que ingrese aire fresco. Apago unas luces para dejar entrar los rayos de luz que se reflejan en un suelo limpio que invita a andar descalzo. A la noche vendrán mis amigos, estoy preparando el tradicional asado en un asador detrás en el patio. Subo a mi habitación. Desde ahí se ven las ramas de un árbol; por aquí la pared pintada de blanco. ¡Por fin he puesto algo de mi personalidad en esas paredes! Unos cuadros, algún poema trascendental...Se escuchan algunos ruidos en la vereda...mis amigos entraron al jardín de mi casa, a ese lugar que en mis deseos hoy le llamo hogar.
  2. QUIERO UN HELADO ¡Ya! Ya tomé un helado ^^
  3. Deseo tener el recurso económico para desarrollar cierto potencial que tengo a través del asunto tecnológico. Un estudio de grabación, todo lo requerido para pintar, bailar, entrenar el cuerpo, etcétera. Con ciertas voces que escucho al cantar (en la tele o en la radio) me hierve un algo en el pecho. Sé que cierto tipo de expresión culmina en salud cuando incorporo mi imaginario hacia el cantar. Me gusta cantar y hay un nivel inconsciente que puede livianamente expresarse de ese modo.
  4. Deseo un lugar propio para leer y escribir. Eso podría estar en aquello que llamo hogar. Voy a la biblioteca, saco unos libros (originales, no fotocopias), huelo sus tapas, las hojas entremedio...Tengo una gran libreta de anotaciones en mi escritorio que cuando la tomo nada se cae por los costados, ni el vaso, ni el lápiz, ni otros cuadernos. La superficie es total hasta para estirar mi brazo y tenderme por ahí sintiendo la superficie vidriada de ese escritorio. La madera de la biblioteca ya me inaugura en la entrada a esa habitación todo un mundo de posibilidades. Yo sé que ahí existe una biblioteca sólo por el olor, el inconfundible olor del saber, de las experiencias ajenas solidariamente puestas en hojas para el deleite de quien quiera alcanzarlas. Ahora me siento en un sillón que está justo por debajo de una gran lámpara que no da lugar a ninguna sombra en el sector abierto del libro. Escucho unos ruidos...mi madre sonriendo en la cocina.
  5. Deseo una familia en el sentido estándar de la expresión. No puedo iniciar una familia en las condiciones en las que actualmente me encuentro. Hay otros puntos por desarrollar por ahora. Pero una familia..., mi abuela tomando mates con mi madre, mi padre arreglando algo en el jardín. Viene alguna tía a visitarnos, mi hermana abriendo la alacena para sacar riquísimas galletas. El horno está prendido porque me aventuré a hacer pan yo mismo. El mesón de la cocina me da todos los espacios y yo dejo que mi mente ponga sal, harina y levadura a gusto...
  6. Deseo iniciar una tradición. Algo que muchos tienen tal vez me es tan difícil de lograr, tan tan. Quizás lo deseé porque no lo tengo y una vez que ya inicie algo así no sea tan interesante la cosa. Quizás. Pero este no es un post que intente explicar mis deseos, este es un post sobre mis deseos.
  7. Este es un deseo sobre la sonrisa de mi familia. No tengo nada más que decir, mi imaginario lo dice todo.
  8. Un jardín que regar.
  9. Unos perritos y un gatito.
  10. La posibilidad de salir de este lugar e irme a otro que también sea mío sin medir ni andar midiendo por el asunto material.
  11. Casi por último, este deseo grande de expresión que tengo. Ojalá encuentre mi vehículo saludable de expresión en el que yo puedo ser yo mismo de una vez por todas.
Ahora despierto una vez. Me había dormido en la mesa de mi habitación. Krishnamurti que pasaba por el pasillo con su taza de te se acerca a pegarme un coscorrón.
Y ahora me despierto definitivamente. Casi pensé que Krishnamurti erra real. Y pienso: en términos de desear seguramente Krishnamurti me pegaría unos coscorrones...

Jajaja ¡qué loco!

domingo, 20 de febrero de 2011

Pasen y escuchen al hombre (Krishnamurti)

Krishnamurti
Problemas de la vida
parte 1

jueves, 17 de febrero de 2011

Una abrumadora libertad

Antes de escribir esto debo aclarar-me que mis pensamientos (algunos de ellos) van más allá de lo que puedo entender o realizar con el cuerpo. Muchos de ellos antes de nacer a la comprensión nacen a la inspiración. Creo que no hay nada de extraordinario dentro de un ser solamente inspirado, así como también lo había sospechado mi viejo amigo Sócrates en los poetas de su época. Así que en cierto grupo de mis pensamientos hay poca o casi nada de comprensión de mi parte, lo cual, en verdad, me tiene sin cuidado.

A su vez, esto me muestra cierto grado de intuición que ellos tienen. La intuición es algo así como una conclusión sin pasos lógicos previos. Y es algo parecido a tener una inspiración. No obstante, de algún lado estos pensamientos deben venir, y si quisiera dar una explicación tentativa podría decir que vienen del inconsciente que capta lo que uno lee y escucha dentro de lo que a uno le interesa.

Dicho lo anterior, voy al cuasi grano =D

De un tiempo a esta parte he descubierto que estoy embebido en una abrumadora, desopilante, arrolladora libertad. Me veo algo así como un hilito en medio de una gigantesca cascada de posibilidades y probabilidades.Y esta libertad no es el ideal romántico humanitario fijo que suelo tener símil al mensaje de Corazón Valiente con un William Wallace gritando "¡Freedom!" antes de morir. Nop, no es eso. Esta libertad de algún modo es una libertad lógica, situada en algún lado del pensamiento, y, algunas veces, por sobre fuera de él. Sinceramente, esta libertad me da miedo...

Todo tiene que ver con esta frase que impactó algún sector profundo de mi consciencia de Protágoras de Abdera hace un tiempillo atrás: «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son.» ¡Abrumador! ¡Desolador! ¡Tormentoso!

Yo descubro que si para mí la mesa es mesa y roja, entonces, para mí la mesa es mesa y roja. Descubro que sí para mí dios no existe, entonces, para mí dios no existe. Me doy cuenta de que si para mí el desamor es lo peor de este mundo, entonces, el desamor es tal cual lo categorizo. Descubro que si la libertad es lo máximo a lo que un humano puede llegar entonces la libertad es lo máximo a donde un ser humano puede llegar. Y así con cualquier cosa o cuestión pensada o transmitida. Yo soy el ser quien da existencia y significado a las cosas, tanto porque así lo elijo, tanto porque así no lo elijo. Y no sólo doy significado a las cosas sino también a todo aquello que no es una cosa.

Yo, como humano, soy la medida, el medio que crea el medio. Pero resulta que el Yo que dice que algo es así o asá es sólo un capricho, quizás, un subproducto de la costumbre y del estar siendo con estos elementos biológicos que implican ser un humano.

El Yo utiliza criterios que parecen estar tomados sin criterio alguno, y así, bajo la base fantasmagórica de la nada dice cosas como: "El espíritu humano es libre", "el vaso está lleno de agua" o "los animales salvajes mantienen su instinto intacto tras la domesticación". Aquí no estoy hablando de discursos que se crean y emiten sin argumentos válidos, ciertos o científicos. Estoy hablando del discurso, cualquiera sea este, por el hecho de ser discurso. Hablo del tramo íntimo del pensar en una mente humana, de la voz adentro que teje lingüísticamente conceptos sobre cualquier cosa existente o no, hablo del pensamiento y de la verbalización, del gen mismo con el cual se conforma el pensar.

Descubro una descollante libertad. No tiene sentido pedirle al dios salud o dinero. Ahora tiene un poco comprensible sentido pedirse a sí mismo las cosas, a ese Yo que posibilita hacer las cosas. Todavía no lo entiendo muy bien. Dentro de mí, me parece más sensato recrear una actitud con la cual la buena suerte le llegue a uno en el marco del estar haciendo algo, que rezarle al Universo, al dios, a los santos, etc..

En esta libertad existe gente que a uno le dará una mano y gente que no, y ni una ni la otra será "buena" o "mala" en el sentido convencional de esas palabras. Cada uno hace según puede y quiere, y según su elección. Y eso es una soledad muy grande para mí.

Esto no es un pensamiento que yo quiera tener. La idea planteada en estos términos me pone con más ganas sobre el lado de no querer ser así de libre. El hecho de observarme como un punto en medio de la gran cuestión de la existencia y de las cosas que están siendo (estén vivas o no) es mucha nada para mí. Siendo ese punto no es sensatamente válido pensar que una persona es buena sólo porque cumple las propias expectativas de actuación ante una situación concreta; y no me es adecuado decir que una persona es mala porque no cumple con el pliegue caprichoso y ocasional de requisitos que uno pone para cada ocasión.

Se me cae toda la estantería, el lenguaje me sirve para poco, el pensamiento hace un aporte operativo y de poco sentido, los recuerdos me son innecesarios, las emociones están ahí dando un unilateral significado a un pasado y a un presente, las cosas no tienen el mismo sentido, y ahora la costumbre de estar siempre agarrado de algo se va yendo por la borda.

Con esta libertad uno ya no puede estar agarrado de algo, no porque sea una imposibilidad, sino, porque realmente uno descubre el sinsentido de ponerse a decir "esto es así", "aquello no es asá". Discusiones sobre Dios, la suerte, el destino, los ángeles, las religiones, la comunicación, la tecnología, el amor, la familia, el dinero, la casa, la muerte, las mañanas y los días, la soledad, la alegría, el entretenimiento, en fin, todo cuanto la mente así como está siendo puede concebir, todo queda en un lugar de neutro sentido, en un lugar medio vacío con el margen de poner lo que se quiera ahí: un sinsentido, o un sentido. Esta idea de libertad, neutral y plena de posibilidades, me es confusa, compleja. Ignoro cómo obrar el día a día con esta idea: debo comer, debo sobrevivir, debo vender, debo pagar las cuentas, debo estudiar, saludaré a un amigo por su cumpleaños, diré que sí, diré que no, llegaré temprano, estoy triste, me duele la cabeza, debo tomar agua y todo el conjunto diverso y global de cosas que componen un día a día. Todo es una ignorancia y cada cosa puede tener la importancia que yo le de, con más y con menos argumentos.

Tengo en el día a día un vacío de total ignorancia que se embebe con una libertad abrumadora. Creo que con esta facultad de pensar (esta que todos tenemos) puedo hacer que cualquier persona al azar pueda ser la mejor del mundo o la peor, sólo con subirme al tren de una argumentación y acompañar el proceso con un par de sentimientos, y ni si quiera estos pensamientos tienen que ser válidos o ciertos, sino sólo estar impregnados de un cierto algo que me es muy familiar pero que no encuentro cómo definirlo. Nada puede tener un sentido, y todo puede no tenerlo, al mismo tiempo. Es algo loco que me supera. Ya no quiero buscarle el sentido a las cosas porque me di cuenta que cuando se me cante lo puedo encontrar, y lo mismo al revés. Y por algún motivo no me vería genuino en tal proceso.

Estoy abrumado por esta avasallante libertad. Y, claro, tengo miedo.

sábado, 12 de febrero de 2011

Todo el mundo en la palma de una mano (¡conseguí trabajo!)

Bueno, les quiero contar que he conseguido trabajo. ¡Oh,  yes! :D

Fue de la semana pasada a la anterior. Me llamaron para una entrevista; yo había dejado mi súper curriculum en varios lugares (la mayoría por correo electrónico) y bueno, alguien llamó.

─Buenos días, ¿con el señor Nicolás?
─Sí, él mismo habla.
─Mirá, te estamos hablando porque dejaste un currículum y queremos entrevistarte mañana a las 11 de la mañana.
─Buenísimo, ¿de qué empresa es?
─De una empresa de venta a nivel nacional.
─Ah, ok...A esa hora estaré entonces. Un saludo.
─Un saludo.

Esa fue básicamente la charla. No tenía idea de qué empresa era así que me puse a leer las anotaciones que había hecho en mis cuadernillos para ver cuál podría ser. Encontré un par de empresas de "Venta a nivel Nacional" pero en esas no había dejado nada. Dudas.

Me arremangué el pantalón y salí de donde vivo con buen tiempo para no llegar tarde a la entrevista. Antes, le había ido a pedir un pantaloncito y una camisa a un amigo (la mayoría de mi ropa está en otra provincia. De paso, le agradezco mucho que me haya regalado la camisa). Y ahí andaba yo, caminando, con todo el mundo a mi alrededor, moviéndose, caminando, andando de un lugar a otro, con una camisa y un pantalón prestados puesto el rumbo hacia un potencial ingreso en las filas productivas de la sociedad.

Cuando por fin llegué al sitio preferí dar una vuelta a la manzana porque había llegado temprano, faltaban unos 15 minutos para la hora exacta. Estaba nervioso. Todo controlado, por cierto. Pero muy nervioso. Todo ese asunto que yo denomino "nerviosismo" es una incomodidad tremenda, algo casi inaguantable, pero aguantable al fin. Ya me conozco así. No se me nota. El nerviosismo se me fue casi totalmente cuando después de golpear la puerta me atendieron y me dijeron que me sentara. Chau nerviosismo, hola tranquilidad. Esa hermosísima cosa en el pecho, esa liviandad, los pensamientos uno a uno, el sonido del ambiente, el olor inmediato de las cosas inmediatas alrededor. ¡Ah, la tranquilidad!

En fin, se me llamó definitivamente para la entrevista. Vi al entrevistador. Mi mente en blanco. Se me preguntó que por qué quería trabajar en la empresa, pero en medio yo pregunté sobre qué empresa se trataba porque había mandado varios currículums.

─Primero decime por qué quieres trabajar...─me preguntó el señor (joven, de unos 38 años), acomodando unos papeles, mirando por mitades iguales a su computadora y a mí.
─Considero lo siguiente ─dije─. En el hombre existen tres patas: una es la psicológica; la otra es, digamos, la espiritual; y, la última, la material.
El señor me miraba.
─Yo tengo las primeras dos patas desarrolladas: la psicológica y la espiritual. Ahora me falta la otra pata.
─Bien.
─¿Y cuál sería tu trabajo ideal?
─Uno en el que pueda desarrollar...no, no desarrollar, plasmar mi creatividad. Yo sé sobre motivación, en mi caso casi la totalidad de la motivación depende de mí y un diez por ciento del ambiente en el que me desenvuelva. Si el ambiente no me responde acorde a mi propio estandar de cosas, antes de desmotivarme me iré. Si el ambiente es un buen lugar de trabajo, voy a estar tranquilo, y en la tranquilidad surgen las ideas. Ahí soy creativo.
─Claro, eso es lógico. Bueno, te cuento, nosotros somos de la empresa Pago por Día SRL y hacemos venta de equipamientos comerciales y productos para el hogar. Desde freezers, heladeras, hornos y exhibidoras, hasta televisores LCD, PlayStations, electrodomésticos y bicicletas.
─Ah, buenísimo.

─¿Qué tal te ves para vender?
─Y mirá, yo me veo de diez ─le dije con una sonrisilla en el rostro. Eso sí, yo no aplico trucos. Considero que si el producto es bueno se vende solo. No voy a estar maximizando unas características de algo mediocre sólo para poder vender algo.
─Claro, me parece bien.

Y así transcurrió la entrevista. Casi al final me dijo: ─Bueno, no quiero andar con vueltas, si te interesa venite mañana a las 9 de la mañana y así te explicamos los detalles, ¿dale?

Contesté afirmativamente y me fui algo contento hacia el mundo de afuera, hacia esa cosa que tira humo y en donde tienes que cruzar rápido la calle porque viene un auto que aparentemente no tiene intenciones de frenar. Me fui al mundo caminando.

Y bueno, me explicaron al otro día cómo venía la mano, de qué se trataba y cómo se hacían las cosas. Charlé con uno de los veteranos de la empresa. Después se me dijo que volviera el lunes siguiente.

El lunes pasado empecé y no quería decir nada hasta que vendiese algo. Y logré vender este jueves dos herramientas: un freidor de 10 lts y un horno múltiple. Asimismo, después de que vendí no quería decir nada hasta que viera algún dinero. Y hoy me dieron una especie de premio por mi primera venta, y aquí estoy contándolo.

El chico tiene el mundo en la palma de una mano, y descubre que es sólo un grano de arena en la inmensidad de todo el Universo. Paz.

sábado, 5 de febrero de 2011

Relatarse a uno mismo

Está claro para mí que el tópico sobre la subjetividad o la objetividad es una discusión que de este lado de mí consciente no me interesa abordar. El hecho de que se pueda llegar a una verdad (o a La Verdad) me es algo que no me despierta mayor importancia. Considero que el punto de vista es infinito, aún cuando sea lo más objetivo posible en un momento dado. El punto de vista es un dios entre los humanos, que se mete en todo, que está en todo, ofreciendo gratuitamente lo relativo de su parecer.

El ser humano aborda cualquier cosa siempre desde un punto de vista porque tiene elementos limitados para acceder a una realidad. Es decir, de la mente sale todo el relato de la existencia, el científico y el no científico, y la mente es limitada, con sus pensamientos limitados a cuestas, con toda su imaginación y el filtro con el cual acostumbra describir y entender su entorno interno y externo. Incluso los elementos biológicos para percibir la realidad , los sentidos, son absolutamente limitados. Eso ya lo sabemos.

Mente, pensamiento y sentidos no bastan para abordar una realidad, y, de verdad, no tienen por qué bastar. Biológicamente, el cerebro humano no está hecho para entender el mundo sino para sobrevivirlo. El querer entender es sólo un plus del hombre, aunque un agregado algunas veces digno, por cierto. Es digno porque jugar a entender sensatamente, es más sano que jugar a competir, por ejemplo. Y especulo: jugar a entender puede hacer expandir la consciencia hasta el punto de hacer desaparecer el ego, contrastando con el jugar a competir que imagino lo afirma y acrecienta.

Esta especie de relativismo que estoy expresando tiende a hacerme desaparecer ese centro que dice que las cosas son de una manera y no de otra, tiende a que el filtro del Yo (que a estas alturas creo es todo lo que yo soy) no aparezca cuando no tenga que aparecer: "poner pensamiento sólo cuando corresponda" es lo que me recuerdo de Krishnamurti. Es simple. Uno hace rato sabe que en frente a lo nuevo, la mente, que es pasado, tiene poco qué decir. Y lo nuevo es todo lo que a uno lo rodea, TODO. Una vivencia siempre es nueva, lo que es pasado y viejo es la sensación de la vivencia obtenida desde un punto de la memoria. A veces uno hace más caso a ese punto que al momento presente en sí, y se conecta con las cosas según el registro del día anterior y no a través del dato del instante actual.

No recuerdo si ya habré mencionado que, psicológicamente hablando (siempre es psicológicamente hablando), NO EXISTE LO FÁCIL Y LO DIFÍCIL. Esas expresiones tienen que ver con la energía y la física. Comparativamente (¡qué palabrita!), es más difícil levantar 20 kg de peso que un vaso con agua estándar. Pero aquí lo importante, es más difícil para el cuerpo, NO PARA LA MENTE. La mente ante un proceso físico es sólo un testigo, a veces tan entrometido que parece realidad todo lo que ella filtra o relata. Lo difícil es más cantidad de algo, y lo fácil, es menos cantidad de algo, y ese algo es esfuerzo y energía en un mundo, digamos, físico, aparentemente más concreto. Es inadecuado decirse que algo es difícil para la mente. Uno traslada tanto lo físico a lo psicológico que pone como pauta un criterio ajeno. No obstante, dentro de la mente no hay esfuerzo, sólo hay el pensar que las cosas sean de aquél modo, extrapolando lo biológico a lo psicológico.

Con todo esto, no es adecuada esta oración (y todo lo anterior escrito es sólo para poder poner lo siguiente) : «Lo más difícil del mundo es relatarse a uno mismo de tal manera que la devolución sea un Yo real». ¿Ven? Es simple.

jueves, 3 de febrero de 2011

Consideraciones sobre lo práctico

Desde hace un tiempo he venido considerando que el pensar, en su forma más compleja y elaborada, sirve mucho para el entrenamiento y la salud del cerebro, pero que casi al mismo tiempo, sirve poco si es que el resultado de ese proceso no conduce también hacia algo práctico. Pensar por pensar sin que el pensamiento haga ninguna devolución hacia el poder actuar es sólo entrenamiento y poco más.

Así, cada vez que me he animado a pensar lo he hecho con la actitud de no creerme lo que he pensado, más si esto pensado no iba más allá de mi Yo cotidiano ni devolvía un estado personal para actuar en un momento siguiente.

He considerado lo práctico como algo fundamental aún cuando con mi pensamiento no haya abordado lo suficiente para concretar o constituir ese concepto.

El desarrollo de esta actitud ─de no auto-convencerse con lo pensado─ tuvo un producto totalmente secundario dentro de mis actuaciones psíquicas inscriptas bajo el término "pensar": alejarme de mi propio pensar simplemente me ha permitido "ver" y "escuchar". La actitud de no identificarme con el pensamiento inmediatamente me ha puesto atento en frente de otras personas que piensan, y en ese sentido, este "ver" me ha ido llevando también a un "escuchar".

Una postura sensata en frente de uno mismo, sin las auto-trampas, el tener presente cuando lo pensado no va más allá tanto como uno quisiera por lo poco práctico de su producto principal, esta postura de no creerse el propio pensar, de no mentirse ante lo que hay (y ante lo que NO hay), la actitud de poner por unos momentos en el lugar adecuado las íntimas actuaciones psíquicas, presenta una base sincera para lo práctico.

En este caso, la acción de alejarse de uno mismo conlleva a un encuentro con los otros. Uno ya no es más (o lo va siendo cada vez menos) un ruido entre el propio entendimiento y las palabras ajenas. Y esto es al fin algo práctico. Metafóricamente, lo práctico para mí es el precipicio antes de una acción y la caída en vuelo de una actuación, esto es: un momento del pensar que culmina en el actuar externo concreto.

Así, sin haber logrado lo práctico entre tantas instancias o situaciones pensativas, otra vez la sensatez (el gran valor humano en el camino del auto-conocimiento), el no mentirse a uno mismo, ha traído como regalo el deseo primario de una persona con los pies en la tierra: actuar invisiblemente escuchando a otros. Algo básico,  y algo práctico por suerte.

Con esta diminuta sensatez vuelvo a descubrir que lo invisible existe y también actúa, ¡cómo no! Y vuelvo a decirlo: encontrarse con alguien sensato es un tesoro en las fortunas cambiantes del tiempo.

¡Un saludo!