martes, 3 de abril de 2012

¿Qué es un recuerdo...? Segunda parte

Un recuerdo no tiene por qué ser Dictadura
¿Qué es un recuerdo en la mente humana? Primera parte.

Toda traducción se da en un presente, y en traducir no hay inocencia. Cuando una persona traduce un hecho (que posteriormente será recuerdo) pone en esa traducción toda su historia personal. Las personas han aprendido a traducir los hechos de una manera particular y la puesta en práctica de ese aprendizaje es la quintaesencia de un recuerdo.

La biología humana no está hecha para captarlo todo en todo momento (estoy es lógico, ¿no?), así es que el cerebro procesa una cierta información proveniente del ambiente. Ese proceso que recorta la realidad funciona como un filtro (y uno supone que es así para no sobre exigir nuestra capacidad biológica, pero no especularé y sólo diré que es un hecho para mí que la biología recorta con su percepción todo lo que es en una realidad). Una mente cultural, el Yo, dará tratamiento a ese recorte de la realidad ─que ya de por sí es mínima información del entorno─ y la manera en que lo hará será constituyendo una traducción: la mínima información de los sentidos se traducirá en “agradable”, “desagradable”, “importante”, “doloroso”, “aburrido”, etc. (es mucho más complejo que sólo etiquetar un suceso externo o interno). Y el resultado de traducir conformará las impresiones personales. De hecho, no sólo no accedemos a un tramo de la realidad del ambiente sino que tampoco sacamos todos los datos de él; tomamos una mínima parte en virtud de ese proceso de filtrado y con esa porción mínima realizamos una traducción. El suceso, el hecho, se perdió no bien se produjo el filtrado. Así que a la hora de traducir es sólo respecto de ese filtrado. Finalmente, se traduce y esa traducción produce las impresiones personales. Entonces, estas impresiones personales cantantes y sonantes nada tienen que ver con el suceso en sí: el hecho no existe en un recuerdo.

Y aquí no hay nada de romanticismos: ya no es nostalgia por el antiguo barrio o por los amigos de la infancia sino que es un posicionamiento perfecto de uno mismo en concordancia con sus impresiones personales. Cuando el hecho ya es un recuerdo, el recuerdo no tiene nada que ver con el hecho sino con las impresiones personales. El "antiguo barrio" o "los amigos de la infancia" son sólo un cuento que uno se cree. Lo que desvela el sentimentalismo es que el "antiguo barrio" es solamente un mote que se pone con el cual uno no se da cuenta que cuando tiene nostalgia no es por los hechos pasados sino por las impresiones que elige traer en un presente. Mis sentimientos de nostalgia nada tienen que ver con "los amigos de la infancia", ya no hay relación con ese hecho, porque el hecho no existe cuando es recuerdo; lo que existe son las impresiones de un hecho que ya no-es sumado a la única relación que ha venido existiendo: la de mí mismo con estas impresiones personales (que soy yo mismo en estado puro). Si bien uno piensa que recordando el “buen tiempo pasado” se ha trasladado romántica, sentimental y momentáneamente hacia allí, en realidad, con un recuerdo una persona no se ha movido ni una pizca de sí misma. Y eso es todo lo que ha venido existiendo. Claro está, todo esto no sólo aplica a recuerdos que inviten a la nostalgia sino que aplica a cualquier clase de recuerdos, como los traumáticos.

Entonces, cuando uno recuerda algo lo que sucede es que trae a un presente sus impresiones personales de un hecho, lo cual, es obvio que ya no es relación con aquél hecho sino relación con estas impresiones personales. Las impresiones personales son el modo histórico y tradicional en que uno traduce un momento presente y es uno mismo en su estado cotidiano. Cuando una persona recuerda no se relaciona con nada más que consigo misma. Es un acto individual que no se sale ni una pizca de su surco habitual. Un recuerdo y recordar es uno mismo con uno mismo, como pellizcarse el propio brazo en una isla desierta…

Sigue en la tercera parte (que se publicará el jueves 5 de abril de 2012).