jueves, 5 de abril de 2012

¿Qué es un recuerdo...? Tercera parte

¿Qué es un recuerdo en la mente humana? Primera parte |Segunda parte.

Recapitulando. Lo que se dijo en los dos posts anteriores fue:
  • Un recuerdo es la impresión en el cerebro de un hecho que naturalmente ya ha sucedido. Pero, no es sólo eso. 
  • En un recuerdo existen las impresiones personales que son el modo personalísimo en que una persona traduce su momento presente y cualquier suceso en él. 
  • Las traducciones son un paso posterior al hecho de que el cerebro humano “recorte” la realidad para no sobrecargarse. Filtrando el cerebro su contacto con el ambiente, accede sólo a cierta información de él. 
  • La traducción es organizar utilizando la información de los sentidos. Esta información de los sentidos no viene en estado “puro” sino que ya fue filtrada por la biología. Así, un susto que se traduce como importante será recuerdo en la memoria. 
  • La traducción, y no el hecho en sí, determina el recuerdo: Mi susto no es recuerdo porque mi amigo me asustó sino que es recuerdo por el modo personalísimo en que lo traduje (o sea, por mi historia personal jugando en una traducción). El susto habrá sido traducido como “gran susto” e irá al compartimiento de “grandes sustos” en mi memoria. Este comportamiento psíquico de etiquetar (catalogar u organizar) un miedo como “gran susto” es el fenómeno de traducir y es este traducir lo que sustenta el recuerdo. 
  • Recordar pone en funcionamiento las impresiones personales las cuales no tienen que ver con un hecho en sí, sino, en primera medida, con el modo en que se filtró la realidad y, en segunda, con el modo en que uno tradujo ese filtrado. Recordar es pues la relación de un Yo con sus propias traducciones
  • La traducción de un momento presente, de un hecho, de un suceso, no es más que el Yo mismo de cada persona siendo. Y no es un proceso dotado de precisión absoluta. La traducción no es una organización objetiva de datos del ambiente sino una forma “viciada” de recolección. Por eso se dice que en traducir no hay inocencia*. 
  • Mi traducción y el Yo son la misma cuestión. Manuel «es» su traducción y su traducción «es» Manuel
  • Recordar es entonces un acto en el que el Yo no se mueve ni una pizca de sí mismo, pues es una especie de falsa relación entre él y él mismo. El Yo es quien trae al presente un recuerdo y su recuerdo es la manera personal en que él ha filtrado y traducido un hecho. La manera personal en el que el Yo traduce un hecho es la manera habitual en el que el Yo «es». Por lo tanto, el contenido de un recuerdo no es más que el contenido del Yo. Los hechos no sólo ya no son, sino que nunca han sido en la existencia de un recuerdo. Así, recordar un hecho no existe.
*[De hecho, la recolección de datos por parte del cerebro es del todo imprecisa e inexacta en cuanto que la biología humana no permite captar en crudo toda la información de un ambiente (uno supone que esto es así no sólo por la misma limitación biológica sino para una economía en las funciones). La traducción sucede por la cultura y el filtrado por la biología. Con la biología humana no se puede retener todos los datos de un suceso por lo que ella actúa naturalmente con un filtro. El filtro coloca graduaciones en las impresiones del ser y el toqueteo de estas graduaciones por parte de un Yo es lo que hace surgir una traducción.]

martes, 3 de abril de 2012

¿Qué es un recuerdo...? Segunda parte

Un recuerdo no tiene por qué ser Dictadura
¿Qué es un recuerdo en la mente humana? Primera parte.

Toda traducción se da en un presente, y en traducir no hay inocencia. Cuando una persona traduce un hecho (que posteriormente será recuerdo) pone en esa traducción toda su historia personal. Las personas han aprendido a traducir los hechos de una manera particular y la puesta en práctica de ese aprendizaje es la quintaesencia de un recuerdo.

La biología humana no está hecha para captarlo todo en todo momento (estoy es lógico, ¿no?), así es que el cerebro procesa una cierta información proveniente del ambiente. Ese proceso que recorta la realidad funciona como un filtro (y uno supone que es así para no sobre exigir nuestra capacidad biológica, pero no especularé y sólo diré que es un hecho para mí que la biología recorta con su percepción todo lo que es en una realidad). Una mente cultural, el Yo, dará tratamiento a ese recorte de la realidad ─que ya de por sí es mínima información del entorno─ y la manera en que lo hará será constituyendo una traducción: la mínima información de los sentidos se traducirá en “agradable”, “desagradable”, “importante”, “doloroso”, “aburrido”, etc. (es mucho más complejo que sólo etiquetar un suceso externo o interno). Y el resultado de traducir conformará las impresiones personales. De hecho, no sólo no accedemos a un tramo de la realidad del ambiente sino que tampoco sacamos todos los datos de él; tomamos una mínima parte en virtud de ese proceso de filtrado y con esa porción mínima realizamos una traducción. El suceso, el hecho, se perdió no bien se produjo el filtrado. Así que a la hora de traducir es sólo respecto de ese filtrado. Finalmente, se traduce y esa traducción produce las impresiones personales. Entonces, estas impresiones personales cantantes y sonantes nada tienen que ver con el suceso en sí: el hecho no existe en un recuerdo.

Y aquí no hay nada de romanticismos: ya no es nostalgia por el antiguo barrio o por los amigos de la infancia sino que es un posicionamiento perfecto de uno mismo en concordancia con sus impresiones personales. Cuando el hecho ya es un recuerdo, el recuerdo no tiene nada que ver con el hecho sino con las impresiones personales. El "antiguo barrio" o "los amigos de la infancia" son sólo un cuento que uno se cree. Lo que desvela el sentimentalismo es que el "antiguo barrio" es solamente un mote que se pone con el cual uno no se da cuenta que cuando tiene nostalgia no es por los hechos pasados sino por las impresiones que elige traer en un presente. Mis sentimientos de nostalgia nada tienen que ver con "los amigos de la infancia", ya no hay relación con ese hecho, porque el hecho no existe cuando es recuerdo; lo que existe son las impresiones de un hecho que ya no-es sumado a la única relación que ha venido existiendo: la de mí mismo con estas impresiones personales (que soy yo mismo en estado puro). Si bien uno piensa que recordando el “buen tiempo pasado” se ha trasladado romántica, sentimental y momentáneamente hacia allí, en realidad, con un recuerdo una persona no se ha movido ni una pizca de sí misma. Y eso es todo lo que ha venido existiendo. Claro está, todo esto no sólo aplica a recuerdos que inviten a la nostalgia sino que aplica a cualquier clase de recuerdos, como los traumáticos.

Entonces, cuando uno recuerda algo lo que sucede es que trae a un presente sus impresiones personales de un hecho, lo cual, es obvio que ya no es relación con aquél hecho sino relación con estas impresiones personales. Las impresiones personales son el modo histórico y tradicional en que uno traduce un momento presente y es uno mismo en su estado cotidiano. Cuando una persona recuerda no se relaciona con nada más que consigo misma. Es un acto individual que no se sale ni una pizca de su surco habitual. Un recuerdo y recordar es uno mismo con uno mismo, como pellizcarse el propio brazo en una isla desierta…

Sigue en la tercera parte (que se publicará el jueves 5 de abril de 2012).

domingo, 1 de abril de 2012

¿Qué es un recuerdo en la mente humana?

Recordar un hecho no existe. Ningún recuerdo tiene por qué ser Dictadura.
Primera parte

¿Qué es un recuerdo en la mente humana? Si lo revisas, te vas a dar cuenta que un recuerdo es la impresión en el cerebro de un hecho ya acaecido, de un suceso, la impresión de algo que ya ha pasado. Eso es lo simple. Pero, no es sólo eso, el asunto tiene trampa. Cuando uno recuerda un suceso (el primer beso, por ejemplo), en realidad, no está recordando el suceso en sí sino más bien las impresiones personales que uno ha realizado del hecho en sí. Pero, esas impresiones personales ─que emergen a la atención en un presente─ ya nada tienen que ver con el hecho en sí. Las impresiones personales en un recuerdo tienen que ver exclusivamente con uno mismo.

"Y ahí estaba yo, en la plaza del barrio, todo tembloroso esperando el momento. El miedo era como una barrera placentera cuando se me presentaba en mi cabeza la oportunidad de besarla. ─¿Lo hago ahora?, ─preguntaba. ¿Ya...? Me daba cuenta que el miedo sí que era una pared construida por mí, pero se saboreaba porque, a pesar de la intranquilidad, estaba la claridad de saber que sería correspondido. El miedo era sólo algo que sortear sin más. Yo veía a unos niños jugando allá atrás y sentía la calidez del banco de la plaza. Me daba cuenta de la bicicleta y el auto maniobrando una elevación del pavimento. Mientras tanto, aquí mismo, estaba todo el beso a punto de darse y ella sentada al lado mío. Su perfume joven deteniendo al mundo, menos al corazón, que palpitaba, se salía del cause para formar un cuerpo frágil repleto de juveniles sentimientos. Y se acercaba el momento. Y nada lo desdibujó. Nada jamás podría haberlo hecho. Porque la matemática era perfecta en esa plaza situada, ahora, en el centro del Universo. Y esa matemática estaba al servicio de este beso... de este beso, que finalmente nos creó."

Las impresiones personales que una persona hace de un hecho son producto de una traducción que se lleva a cabo con la información de los sentidos. En el texto de arriba, las palpitaciones se evaluaron como importantes y tuvieron por ello su propio hueco en la memoria; igualmente, el perfume de la joven se procesó como importante y también se hizo un lugar en la memoria. Todas estas impresiones compusieron un cuadro que terminaría siendo el recuerdo de "el primer beso". A su vez, esta traducción fue producto de un filtrado que la naturaleza biológica del cerebro hace del ambiente circundante: el cerebro registra algo del ambiente, pero no todo; luego, de esa cantidad absorbida, toma unos datos y no otros, y así compone la realidad. Esta filtración puede ser una limitación de la biología humana pero también un proceso sabio. Y es muy fácil de entenderlo: un ser humano no puede verlo todo, oírlo todo; sino que toma un poco de esto, otro poco de aquello, y, con eso, se hace una idea de lo que hay.

Cuando uno trae un recuerdo a la atención lo que hace es llevar a un momento presente las impresiones más sustanciales que se han tomado de un hecho determinado pasado. No existirían impresiones personales sin traducción, sin la capacidad de etiquetar (organizar, categorizar) lo que ingresa y lo que ya está en la memoria. Y ─con propiedad─ cuando uno recuerda, no sucede un recuerdo del hecho sino un recuerdo de esas impresiones. Uno tiende a considerar que recuerda un suceso pero en realidad recuerda las impresiones del suceso, esto es, el modo personalísimo en que se tradujo la información proveniente de los sentidos en el momento justo en el que un suceso se estaba dando. Esta traducción, que conforma las impresiones personales, es la clave de todo.

Sigue en la segunda parte (se publicará automáticamente el martes 3 de abril de 2012).