Krishnamurti | ¿Es posible vivir con total lucidez? (con Dr. Huston Smith, MIT)

En este video (de larga duración) Krishnamurti, junto al, por quince años, Profesor de Filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Huston Smith, indaga acerca de la autoridad, la violencia, el miedo, el pasado. También habla de la vía negativa, la cual consiste en preguntarse sobre lo que no es la claridad (o el tópico que sea) en vez de preguntarse sobre lo que sí es.

 

_________
Fuente: iserjd (usuario YouTube): http://www.youtube.com/user/iserjd

2 comentarios:

Edda dijo...

Holaaa Addaxitoooo!!! Paso para desearte lo mejor en estas fiestas. Que lo pases genial!
¡Feliz navidad!
Un abrazote.

Guzmán. dijo...

Buscamos el placer y deseamos que toda relación se base en él

Uno tiene que comprender la relación, porque ésa es la vida. No podemos existir sin relación de alguna clase. Uno no puede apartarse en el aislamiento, construir un muro a su alrededor como hace la mayoría, porque ese acto de vivir en una protegida, segura, aislada condición de resistencia, sólo engendra más confusión, más problemas, más desdicha. Si uno observa la vida, ve que es un movimiento en acción, un movimiento en relación, y ése es todo nuestro problema: cómo vivir en este mundo donde la relación es la base misma de toda existencia; cómo vivir en este inundo de modo tal que la relación no se vuelva monótona, opaca, desagradable y reiterativa.

Nuestras mentes se ajustan por completo al patrón del placer, y la vida no es mero placer, obviamente. Pero nosotros deseamos placer. Eso es lo único que de veras buscamos honda y secretamente en lo interno. Procuramos obtener placer de todas las cosas, y el placer, si uno lo observa, no sólo aísla y confunde a la mente, sino que también crea valores que no son genuinos ni reales. Por lo tanto, el placer engendra ilusión. Una mente que busca el placer, como casi todos lo hacemos, no sólo se aísla sino que, invariablemente, tiene que hallarse en un estado de contradicción en ludas sus relaciones, ya sea en su relación con las ideas, con las personas o con la propiedad; por fuerza tiene que vivir siempre en conflicto. Ésa es, entonces, una de las cosas que hemos de comprender: que nuestra búsqueda en la vida es, fundamentalmente, la exigencia, el impulso, el anhelo de placer.

Ahora bien, esto es muy difícil de comprender, ya que uno se pregunta por qué no debería tener placer. Vemos una hermosa puesta del Sol, un bello árbol, un río con su movimiento amplio y curvo, un rostro precioso... y mirar eso nos deleita, nos da un gran placer. ¿Qué hay de malo en ello? Me parece que la confusión y la desdicha empiezan cuando ese rostro, ese río, esa nube, esa montaña se convierten en un recuerdo, y este recuerdo exige, entonces, una mayor continuidad del placer: deseamos que esas cosas se repitan. Todos conocemos esto. He sentido cierto placer, o usted ha experimentado cierto deleite en algo, y queremos que eso se repita. Ya sea un placer sexual, artístico, intelectual o de otra índole, queremos que se repita; y aquí es donde creo que el placer empieza a nublar la mente y crea valores que son falsos, irreales.

Lo que importa es comprender el placer, no tratar de librarse de él, lo cual es demasiado tonto. Nadie puede librarse del placer. Pero es esencial comprender la naturaleza y estructura del placer, porque si la vida es tan sólo placer y si eso es lo que uno desea, entonces con el placer vienen la desdicha, la confusión, las ilusiones y los valores falsos que creamos; por lo tanto, no hay claridad. Es un hecho simple: tanto psicológica como biológicamente buscamos placer y queremos que toda relación se base en él; por esto, cuando la relación no es placentera hay una contradicción, y entonces comienzan el conflicto, la infelicidad, la contusión y la angustia.

Obras completas, volumen XV
París, 23 de mayo de 1965