"Una persona lúcida no se ofende". | Indagación y condicionamiento



Parecería ser que, ante cierta lucidez, no existen ni la ofensa ni el enaltecimiento ante el agravio o el halago, respectivamente.

¿Por qué una persona se ofende? Creo yo que el problema principal está en un condicionamiento que no es obvio: el Yo. Pero, no acabo de expresar nada con lo último (y ése es el problema). Hay un condicionamiento inserto en la lingüística misma. Si uno declara que tiene un inconveniente X, debe descubrir por sí mismo que su declaración se queda corta. Un problema real es un todo dinámico y multidimensional, si se quiere, y la declaración es algo estático, frío, lineal. Es una especie de desafío advertir tener un problema del tamaño de un estadio de fútbol y una declaración del tamaño de una caja de zapatos. Con toda esta complejidad, muchas veces no advertida, uno viene a la pregunta: ¿qué es lo que se ofende? Pero como es un asunto psicológico, no sólo hay que ver el clavo sino también la mano, el martillo, la pared, el ambiente entero. Y el ambiente entero no está expresado en la pregunta "¿qué o quién se ofende?".
¿Qué hace un Yo cuando se da cuenta que su movimiento de indagación forma parte del mismo Yo, del mismo condicionamiento? En un problema tremendo. Ninguna indagación intelectual, ningún enfoque psicológico o filosófico puede, al parecer, abordar un condicionamiento a nivel genético o, a lo sumo, a un nivel global alarmante. La cuestión tiene que tomar un rumbo totalmente radical, absoluta y totalmente. ¿De qué rumbo estamos hablando y cuál es la acción correcta en ese rumbo?


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Imagen: 
http://albeitaria.com/infocop-revista-de-psicologia-informa-la-caida-del-imperialismo-farmacologico-en-salud-mental/

2 comentarios:

rosscanaria dijo...

Como siempre demasiado profundo para mí, yo soy bastante más simple jajaja
Un abrazo Adax, no te pude twitear porque el enlace está mal pero si en Google+ y en Facebook,

Juanjo Rubio dijo...

Ofende el que puede...
Saludos