Dos minutos al año, un soplo de independencia


En algunos momentos del año yo toco algo. Estoy desvariando con mi atención y de pronto, todo se ordena por escasos segundos. Algo de lo poco que sucede es que si estoy viendo la tele, por ejemplo, esa estimulación auditiva y visual de esa fuente no viene a mi de la manera común que siempre lo hace: es como que las cosas de la vida y la gente no juegan conmigo, aunque esas cosas sean lo que surge del televisor. Podría decir metafóricamente que se detiene la maquinaria.

Inmediatamente tengo paz y me viene una sensación de estar por descubrir algo, de estar cerca. Es una sensación de cercanía a algo importante. También siento o presiento algo mucho más sencillo que todos los planteamientos del hombre, en libros, universidades e iglesias. Intuyo eso sencillo como algo desnudo, que está así tal cual surge, pero que después viene una persona y le pone todo tipo de invenciones, generación tras generación. Junto a esto, siento ver cómo las personas estamos hartamente equivocadas en lo esencial y que nos movemos incesantemente a través de un eje incorrecto. Hay algo tremendamente cierto en percibir lo esencial sin ningún tipo de intelectualidad ni historia personal ni humana, ni nada, porque parece que tal estado torna liviana la mente y que lo que se ve como complejo se termina para dar lugar a ver lo que la cuestión era en realidad, algo distinto y, justamente, más simple. 

El tema del eje correcto e incorrecto es muy importante para mí. Yo puedo tener las habilidades de un buen futbolista y estar moviéndome inteligentemente con la pelota encima de un tobogán: tengo todas las habilidades físicas, la técnica, el entrenamiento y la lucidez mental a niveles óptimos, pero estoy en el lugar incorrecto. Tener las cualidades de un buen jugador de fútbol arriba de un tobogán no ayuda mucho. Uno mismo tiene que ubicar lo que corresponde en el lugar correcto. Después vienen las discusiones de qué es correcto y qué no y sus derivados. Estar sanos es correcto, no hacer el mal es correcto, no agregar más caos al mundo, es correcto. Fin de la discusión intelectual de biblioteca.

Para mí, toda la humanidad, de principio a fin (con excepciones, claro) está en el eje incorrecto. En la sociedad actual occidental (pongo occidental, porque es donde vivo, pero pienso que en las demás sociedades es casi lo mismo, básicamente), no hay nada que a una persona la lleve a un lugar correcto. Ni siquiera los libros de auto-ayuda en las librerías; ni hablar de los psicólogos en los consultorios, los sacerdotes en los confesionarios, los pastores "religiosos" en la TV de medianoche. No hay nada externo, general, noble, que mueva a una persona al eje correcto. No digo que todos los mensajes de la sociedad sean negativos, sino que lo esencial está justamente debajo de la cultural alfombra. Cuando surge algo positivo, está sobre un tobogán, y por más lúcido que sea, forma parte de la misma estructura de siempre, según lo que he venido viendo por estos lares.

Este sentir de esos momentos dura muy poco tiempo, no creo que llegue a los dos minutos, con suerte, pero me sirve para darme cuenta de estar en un estado lleno de historia, tradición, intelectualidad, sociedad y cultura, para pasar a otro distinto, en donde todo lo anterior está, pero no influenciándome ni queriéndome tornar de una u otra manera. Es como un soplo de independencia, dos minutos al año. Sin currículum, algo es algo.


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