Ya más de un mes: el primer día.

El Martes 14 de Julio me llegan dos mensajes de texto diciéndome que mi padre estaba internado. Yo estaba en mi casa, navegando por Internet y tomando un café. El mensaje provenía de la pareja de mi viejo así que la llamé.

─Hola, qué tal. ¿Qué le pasa a mi padre?
─Hola, sí, ¿cómo estás? Desde ayer que tu padre está internado en el hospital. Él no quería que vos te enterases pero yo creo que tienes derecho a saber. Está en el Servicio de Urgencias porque no encontraban camas disponibles en Terapia Intensiva.
─Ok, muchas gracias, voy en seguida para allá. Besos.

Ese fue el diálogo breve que tuve por teléfono. No soy alarmista, me angustié lo necesario para ser humano y no andar diciendo que vengo de Marte o Venus.



Sin prisa, tomé un baño, me dirigí a la terminal de colectivos de Tucumán y partí. Antes, había aprovechado unos minutos para enviarle un correo a mi hermana:

Te mando este e-mail para decirte que nuestro padre del alma está internado en el Hospital Regional, sin obra social ni nada, a la buena de Dios. Estoy ahora viajando para Santiago. Marcela (que no es nuestra santa prima) me dijo que la internación fue a raíz de una úlcera muy fuerte que le provocó que se desangrara. Lo mismo de siempre, pero más grave...
Yo sólo espero que él esté bien. Te mando un beso y según sepa algo te mando otros mensajes. Cuidate.

En el colectivo de ida a Santiago me puse a pensar en muchas cosas, en el tiempo que hacía que no viajaba para ahí, las cuestiones por las que no viajaba, la incertidumbre de no saber ahora qué asuntos me habría de encontrar allí. Pensé en no decirle nada a ninguno de mis amigos, "debo enfrentarlo yo solo" me decía. Hasta que reflexioné y me dije que nunca pedí nada a nadie y que en la relación con mis amigos muchas veces no he dejado que ellos se comporten como tal: no cuento mis problemas o los cuento poco; no comparto mis pensamientos o lo hago poco: no pido asistencia, apoyo o ayuda de ningún tipo; no saludo para cumpleaños, navidades ni años nuevos; no voy a casamientos ni bautismos ni a ningún encuentro por el estilo. Todo lo anterior no es tajante pero mis incorporaciones a tales actividades o fueron muy selectivas en este último tiempo o escasas y casi nulas.

Pensando todo esto en el ómnibus me daba cuenta que es muy difícil para ellos ser amigos míos. Claro, ¿cuál puede ser la tecla que aborde correctamente a un tipo como yo si todo lo "normal" para mí no tiene importancia? Ya sea para un bien o para un mal, soy demasiado raro e infrecuente.

Así que decidí contarle a un amigo la situación. Todavía no tenía muchas precisiones. Pero, me sentí bien y entendí que era lo adecuado y saludable.

Uno de ellos se comportó como la utopía del compañerismo y la amistad, pre-ocupándose, apoyándome, haciendo sus aportes, acompañando, estando presente...alentando y esperanzando. ¡Simplemente tuve ese tesoro dejando que él sea mi amigo! En realidad, es una gran verdad para mí saber que tengo amigos que existen.

Llegué a la noche a Santiago. Había hablado con una tía para dejar, camino al hospital, el bolso y dirigirme liviano a verlo a mi padre. Hablando con Marcela, me había dicho que lo operarían el miércoles a la mañana. Tomé la decisión de no ir al hospital ese día y llegarme mejor al día siguiente, es decir, ya no el martes a la noche sino ese miércoles antes de la intervención quirúrgica. Pero a la media hora me llegó otro mensaje (o me hablaron, no me acuerdo): "Comunicate urgente con el doctor Díaz, tu padre necesita ser operado ahora mismo".

Hice unas llamadas aunque nunca di directamente con el doctor. Una relativa tranquilidad vino cuando en una de esas llamadas se me dijo: "El mensaje de que Díaz tiene que ir urgente al hospital ya llegó a Díaz, yo hablé con el hijo y el hijo ya habló con él".

Respiré.

Salí para el hospital, ahí estaba un amigo de mi viejo. Por ahora sigo recordando unas palabras que me dijo, entre todas las cosas que hablamos: "Yo ya tengo la piel curtida, pero todo lo que se ve en este hospital es un paisaje apocalíptico de gente llorando y durmiendo en el suelo."

"Paisaje apocalíptico" pensé...

El mundo, los pensamientos, la política, José de San Martín, Dios, Krishnamurti, los manuales y las enciclopedias, las mañanas y los días...nada, absolutamente nada llega a tener sentido, después de la sangre, la carne, las paredes escritas, las proezas y los abandonos en el Hospital Regional.

¡¡En cuanto tenga otro tiempito sigo contándoles, un saludo!!

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