El pensamiento situado en partes del cuerpo

El pensamiento no es sólo un fenómeno situado en alguna parte de eso llamado mente, no. El pensamiento aparentemente es un fenómeno global en el cuerpo, más en las zonas en donde éste da un aviso. 

Es pensamiento la situación de acomodarse los puntos de apoyo mientras por ejemplo se está sentado o reclinado en algún lugar, o en un caso más personal, es pensamiento toda la tensión que siento a veces en una zona de mi mandíbula o la incomodidad y molestia que algunas personas sienten en la espalda (en donde la psicología hace mucha actuación). También es pensamiento el temblar una pierna, que es un signo absolutamente revelador de alguien ansioso.


Así, el pensamiento puede situarse en los puntos de apoyo, en la mandíbula, en la espalda, en una pierna; también puede situarse en la configuración de un gesto (aunque no lo haya considerado así antes, esto me parece obvio ahora), en el movimiento de las manos, en los ojos, en la frente; en fin, el pensamiento tiene todas las chances de ser un fenómeno que se sale del ámbito mental para comprender al cuerpo entero.

Hace ya varios años que de la nada empecé a trabar mi mandíbula y esto ha sido una gran molestia, una inmensa y casi invisible molestia que ha estado fastidiándome unas veces y doliéndome otras tantas con suma continuidad, cuidadosa y paciente continuidad.

Empecé trabando mi mandíbula cuando, estando boca abajo en la cama y casi por dormirme, me daba cuenta que se doblaba ─por así decirlo─ asimétricamente, con lo que no sabía qué hacer con ella. Mi lucha por mantener alineada la parte superior de mi boca con la parte inferior dio como resultado una tensión tan particular y tan tramposa, que ya llevo algo así como tres años, hora tras hora, día tras día, mes a mes, tratando de averiguar una respuesta a esta cuestión. Esta molestia ha sido tan constante que muchos muchísimos momentos han sido considerados por mí un infierno fabricado a medida cuando podría haber estado en esos mismos momentos en minúscula e intrascendente serenidad. Los únicos instantes en que no apretaba la mandíbula eran mientras dormía y justo los momentos después de despertarme (y esto último sólo duraba unos segundos).

Esta situación ha sido y es todo un reto para mí, uno de los más grandes desafíos (que linda con lo ridículo cuando otras personas escalan el Aconcagua u obtienen triunfos al frente de una sociedad), siéndome muy pero muy esquivo algún entendimiento al respecto. He apretado mi mandíbula tan azarosa y continuamente que el único patrón visible ha sido la molestia y luego el dolor. Apreté mi mandíbula cuando me daba cuenta de que no lo estaba haciendo, seguí apretándola cuando me daba cuenta que lo estaba haciendo. ¡Algunas veces ni siquiera me daba cuenta que estaba tensionándola ni aun por la molestia resultante! En esos instantes me preguntaba cómo era posible acostumbrarse a algo terriblemente molesto. Y, sin embargo, sucedía: una molestia continuada también es precedente para una costumbre.

He querido que con lo anterior escrito se vea que el asunto de mi mandíbula ha sido y es de una tremenda importancia para mí, de crucial importancia tanto como molestia y dolor, como por lo que he aportado a mi investigación general. Gracias a esa tensión he podido darme cuenta de lo que una parte del pensamiento puede hacer y estoy en condiciones de afirmar que es pensamiento mi tensión en la mandíbula. Posteriormente, me di cuenta que es aparentemente igual con otras zonas del cuerpo.

Mi tensión en la mandíbula es sólo una muestra más de mi manera de estar en el mundo. Hasta hace unos pocos años, mi estado natural de permanencia era todo tenso, todo ansioso, viviendo hacia un afuera. Creo haberme dado cuenta de esta manera de ser y estar en el mundo antes de la tensión en mi mandíbula, pero aún así esta situación en mi boca no hace más que confirmar mi apreciación.

Mi molestia en la mandíbula tuvo un atisbo de parar por obra de mi voluntad, aunque sea por unos ratos, cuando me decidí ejercitar la tarea de no pensar, es decir, de dejar mi mente en blanco. Los estados de tensión y no tensión se volvían más aparentes e identificables y tomé la posta de que este era el camino a seguir.

Cuando ponía la mente en blanco se me destrababa la mandíbula y sólo se volvía a trabar cuando me daba cuenta ─con pensamiento en mi mente─ que no estaba apretando. Y esto es completamente paradójico, siniestro y complejo: mínimo pensamiento acerca de cualquier cosa y, en particular, acerca de mi no tensión en la mandíbula, era suficiente para que se me trabara nuevamente.

Hay mucho pensamiento invisible en la mente y llegar al punto de darse cuenta de este hecho, no porque alguien lo cuente sino por uno mismo, es de suma importancia para entender la globalidad de lo que uno es. La pierna temblando en el ansioso o la mandíbula apretada es doblemente producto de un pensamiento que se reconoce como tal por la atención y producto de un pensamiento invisible. El pensamiento invisible es producto de eso llamado inconsciente y tiene todo un soporte propio desde el cual hacerse notar. Considero que este pensamiento, que no se presta a la atención, tiene grandes chances de ser quien actúa en los dolores de espalda, los apretones de mandíbula, las piernas temblando y en numerosas otras ocasiones. Darse cuenta de este hecho puede ser un paso en miras a librarse de todo aquello.

Uno puede observar que al final, toda investigación de uno mismo, cuando es sensata, recae en lo que lingüísticamente se podría expresar es una acotada (sólo en el tema de mi mandíbula) o completa expansión de la consciencia.

En mi caso, el camino es el no pensamiento, porque con pensamiento me tensiono el cuerpo, me estreso, y, sin él, sucede lo contrario. No sólo es algo lógico para mí sino también algo real: relajo mi cuerpo cuando efectivamente no pienso quedando mi mandíbula al fin aliviada.

Así que aquí dejo asentado como mi propio y personal precedente que el pensamiento también se sitúa en diferentes partes del cuerpo lo cual ha sido tan sorprendentemente obvio que no lo ha sido para mí en muchas ocasiones.

Todo el respecto sobre los pensamientos invisibles posiblemente quede para otra entrada.

2 comentarios:

María Beatriz dijo...

Es verdad, el pensamiento, generalmente acompañado de una emoción, se traduce a lo físico, manifestándose muchas veces como una dolencia en alguna parte del cuerpo.

Qué bueno que hayas encontrado la manera de aliviar el dolor en la mandíbula. :)

Un beso

andres dijo...

Muy bueno Luciano,tu aporte experimental,es lo que suma! Lo veo relacionado con el blog del click. Enfocado en esa porcion donde se tocan, espiritu y materia, mente y pensamiento, estoy convencido de que existen esos puntos y van a poner de cabeza a la medicina, tal como la conocemos. Adhiero a que el camino del hombre es estar cada vez mas conciente. El misticismo devocional del medioevo, necesario en su momento,cede su lugar al hombre practico, que comprueba analogicamente, en lo cotidiano lo trascendente y comienza a transitar el camino del intelecto a la intuicion, por definir de alguna manera a una percepcion mas espontanea, directa y menos contaminada.