Una abrumadora libertad

Antes de escribir esto debo aclarar-me que mis pensamientos (algunos de ellos) van más allá de lo que puedo entender o realizar con el cuerpo. Muchos de ellos antes de nacer a la comprensión nacen a la inspiración. Creo que no hay nada de extraordinario dentro de un ser solamente inspirado, así como también lo había sospechado mi viejo amigo Sócrates en los poetas de su época. Así que en cierto grupo de mis pensamientos hay poca o casi nada de comprensión de mi parte, lo cual, en verdad, me tiene sin cuidado.

A su vez, esto me muestra cierto grado de intuición que ellos tienen. La intuición es algo así como una conclusión sin pasos lógicos previos. Y es algo parecido a tener una inspiración. No obstante, de algún lado estos pensamientos deben venir, y si quisiera dar una explicación tentativa podría decir que vienen del inconsciente que capta lo que uno lee y escucha dentro de lo que a uno le interesa.

Dicho lo anterior, voy al cuasi grano =D

De un tiempo a esta parte he descubierto que estoy embebido en una abrumadora, desopilante, arrolladora libertad. Me veo algo así como un hilito en medio de una gigantesca cascada de posibilidades y probabilidades.Y esta libertad no es el ideal romántico humanitario fijo que suelo tener símil al mensaje de Corazón Valiente con un William Wallace gritando "¡Freedom!" antes de morir. Nop, no es eso. Esta libertad de algún modo es una libertad lógica, situada en algún lado del pensamiento, y, algunas veces, por sobre fuera de él. Sinceramente, esta libertad me da miedo...

Todo tiene que ver con esta frase que impactó algún sector profundo de mi consciencia de Protágoras de Abdera hace un tiempillo atrás: «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son.» ¡Abrumador! ¡Desolador! ¡Tormentoso!

Yo descubro que si para mí la mesa es mesa y roja, entonces, para mí la mesa es mesa y roja. Descubro que sí para mí dios no existe, entonces, para mí dios no existe. Me doy cuenta de que si para mí el desamor es lo peor de este mundo, entonces, el desamor es tal cual lo categorizo. Descubro que si la libertad es lo máximo a lo que un humano puede llegar entonces la libertad es lo máximo a donde un ser humano puede llegar. Y así con cualquier cosa o cuestión pensada o transmitida. Yo soy el ser quien da existencia y significado a las cosas, tanto porque así lo elijo, tanto porque así no lo elijo. Y no sólo doy significado a las cosas sino también a todo aquello que no es una cosa.

Yo, como humano, soy la medida, el medio que crea el medio. Pero resulta que el Yo que dice que algo es así o asá es sólo un capricho, quizás, un subproducto de la costumbre y del estar siendo con estos elementos biológicos que implican ser un humano.

El Yo utiliza criterios que parecen estar tomados sin criterio alguno, y así, bajo la base fantasmagórica de la nada dice cosas como: "El espíritu humano es libre", "el vaso está lleno de agua" o "los animales salvajes mantienen su instinto intacto tras la domesticación". Aquí no estoy hablando de discursos que se crean y emiten sin argumentos válidos, ciertos o científicos. Estoy hablando del discurso, cualquiera sea este, por el hecho de ser discurso. Hablo del tramo íntimo del pensar en una mente humana, de la voz adentro que teje lingüísticamente conceptos sobre cualquier cosa existente o no, hablo del pensamiento y de la verbalización, del gen mismo con el cual se conforma el pensar.

Descubro una descollante libertad. No tiene sentido pedirle al dios salud o dinero. Ahora tiene un poco comprensible sentido pedirse a sí mismo las cosas, a ese Yo que posibilita hacer las cosas. Todavía no lo entiendo muy bien. Dentro de mí, me parece más sensato recrear una actitud con la cual la buena suerte le llegue a uno en el marco del estar haciendo algo, que rezarle al Universo, al dios, a los santos, etc..

En esta libertad existe gente que a uno le dará una mano y gente que no, y ni una ni la otra será "buena" o "mala" en el sentido convencional de esas palabras. Cada uno hace según puede y quiere, y según su elección. Y eso es una soledad muy grande para mí.

Esto no es un pensamiento que yo quiera tener. La idea planteada en estos términos me pone con más ganas sobre el lado de no querer ser así de libre. El hecho de observarme como un punto en medio de la gran cuestión de la existencia y de las cosas que están siendo (estén vivas o no) es mucha nada para mí. Siendo ese punto no es sensatamente válido pensar que una persona es buena sólo porque cumple las propias expectativas de actuación ante una situación concreta; y no me es adecuado decir que una persona es mala porque no cumple con el pliegue caprichoso y ocasional de requisitos que uno pone para cada ocasión.

Se me cae toda la estantería, el lenguaje me sirve para poco, el pensamiento hace un aporte operativo y de poco sentido, los recuerdos me son innecesarios, las emociones están ahí dando un unilateral significado a un pasado y a un presente, las cosas no tienen el mismo sentido, y ahora la costumbre de estar siempre agarrado de algo se va yendo por la borda.

Con esta libertad uno ya no puede estar agarrado de algo, no porque sea una imposibilidad, sino, porque realmente uno descubre el sinsentido de ponerse a decir "esto es así", "aquello no es asá". Discusiones sobre Dios, la suerte, el destino, los ángeles, las religiones, la comunicación, la tecnología, el amor, la familia, el dinero, la casa, la muerte, las mañanas y los días, la soledad, la alegría, el entretenimiento, en fin, todo cuanto la mente así como está siendo puede concebir, todo queda en un lugar de neutro sentido, en un lugar medio vacío con el margen de poner lo que se quiera ahí: un sinsentido, o un sentido. Esta idea de libertad, neutral y plena de posibilidades, me es confusa, compleja. Ignoro cómo obrar el día a día con esta idea: debo comer, debo sobrevivir, debo vender, debo pagar las cuentas, debo estudiar, saludaré a un amigo por su cumpleaños, diré que sí, diré que no, llegaré temprano, estoy triste, me duele la cabeza, debo tomar agua y todo el conjunto diverso y global de cosas que componen un día a día. Todo es una ignorancia y cada cosa puede tener la importancia que yo le de, con más y con menos argumentos.

Tengo en el día a día un vacío de total ignorancia que se embebe con una libertad abrumadora. Creo que con esta facultad de pensar (esta que todos tenemos) puedo hacer que cualquier persona al azar pueda ser la mejor del mundo o la peor, sólo con subirme al tren de una argumentación y acompañar el proceso con un par de sentimientos, y ni si quiera estos pensamientos tienen que ser válidos o ciertos, sino sólo estar impregnados de un cierto algo que me es muy familiar pero que no encuentro cómo definirlo. Nada puede tener un sentido, y todo puede no tenerlo, al mismo tiempo. Es algo loco que me supera. Ya no quiero buscarle el sentido a las cosas porque me di cuenta que cuando se me cante lo puedo encontrar, y lo mismo al revés. Y por algún motivo no me vería genuino en tal proceso.

Estoy abrumado por esta avasallante libertad. Y, claro, tengo miedo.

2 comentarios:

Norilla dijo...

Te dejo una frase de Henry Ford: "SI CREES QUE PUEDES O CREES QUE NO PUEDES, ESTÁS EN LO CIERTO"

Addax dijo...

¡Bienvenida, Norilla! ¡Muchas gracias por el comentario!
Sabio don Ford (casi pienso que era Fort jajja). Te mando un beso!!!!