¡Me alegro! De nada

Un diálogo sobre el Yo profundo invisible y subyacente.

─ ¿Hay una experiencia de unicidad, en la que uno se entrelace totalmente con el Universo?
─ No, no hay.
─ Pero, ¿vos no estás teniendo esa experiencia ahora?
─ Y si la estuviera teniendo, ¿por qué me creerías que estoy diciendo la verdad?
─ No veo para qué me mentirías. Es decir, si fuéramos amigos. Aunque, bueno, no lo somos todavía.
─ Es cierto, no lo somos.
─ Entonces, ¿sólo quiero creer lo que quiero creer, que vos tienes esa experiencia y que uno la puede tener?
─ Así es. Sólo quieres creer lo que quieres creer.
─ ¡Me rebelo ante eso!
─ Rebelate.
─ Sí, me rebelo, ¡me interesa un pomo creer en lo que quiero creer!
─ ¿Y, qué sucede?
─ Ofuscamiento porque no doy en el blanco.
─ No des en el blanco porque no hay a qué atinarle.
─ ¡¿Cómo que no?! Quiero atinarle al blanco de mi mandíbula no apretada. ¡Claro que hay!
─ ¿Existe ahora que no aprietes tu mandíbula?
─ Ciertamente, no. Existe que la estoy apretando.
─ Entonces, ¡apriétala más!

─ Jajaja, no me sale, mi inconsciente es muy tramposo. Sólo aprieta lo justo para molestarme e incomodarme.
─ No hay inconscientes ni trampas, sólo que ahora aprietas tu mandíbula.
─ Sí, existe esa tensión ahí que yo llamo 'apretar mi mandíbula'.
─ Sigue así.
─ ¡Es que no quiero!
─ Sólo tienes lo que estás teniendo.
─ ¡Pero yo quiero otra cosa!
─ Ahora hay esto.
─ Entonces, no hay futuro.
─ Nunca lo ha habido.
─ No existe 'convertirme en...'. No existe convertirme en una ser con la mandíbula no apretada.
─ No, no existe.
─ ¡Todo es tan confuso!
─ La confusión son dos pensamientos y el Yo sin saber qué elegir. No pongas esos pensamientos ni ningún Yo queriendo elegir.
─ ¡No tengo la más pálida idea de cómo se hace!
─ ¿Tienes hambre o ganas de comer?
─ Sí, de hecho tengo hambre. Querría unas milanesas con papas fritas ahora.
─ ¿Ves?, no estás confundido.
─ ¡Pero esa es otra cosa!
─ Es lo mismo. ¿Para qué querrías querer algo si todo lo que tienes es ahora?
─ ¡Buena pregunta! Supongo que soy una inclinación.
─ Pues, no te inclines.
─ ¿Para qué?
─ ¡Prueba!

─ Ya probé y no pasa nada.
─ ¡Es que no tiene por qué pasar nada!
─ ¿Es otra vez mi YO queriendo creer lo que quiere creer?
─ Sí, así es.
─ Bueno, creo que pude abordar intelectualmente aunque sea una pizca de lo que hoy me dijiste, y no me llevo nada. No me llevo nada, ¡gracias!
─ ¡Me alegro! De nada.

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