Krishnamurti, el conocimiento y la libertad (1)


Reproducción de una parte del texto del capítulo 19, Un diálogo con la muerte, del libro de Mary Lutyens, Krishnamurti. Los años de plenitud:

El día 1° de mayo, K vino con Mary a Brockwood directamente después de la conferencia en Nueva York. El Krishnamurti's Notebook se publicó durante ese mes. K debe haberle echado al menos una ojeada, porque decidió que le gustaría hacerle él mismo la crítica «por diversión». Parte de su crítica se transcribe a continuación:
... El Krishnamurti's Notebook me parece que va más allá de los Upanishads y el Vedanta. Cuando él habla del conocimiento y del cese del mismo, ello es en esencia Vedanta, que literalmente quiere decir «terminación del conocimiento». Pero los vedantistas y Sus seguidores en diferentes partes del mundo, están de hecho manteniendo la estructura del conocimiento, tal vez pensando que en el conocimiento está la salvación, como lo creen la mayoría de los científicos. La tradición tiene un dominio tan fuerte sobre la mente, que pocos parecen escapar a sus tentáculos, y yo pienso que aquí es donde comienza Krishnamurti. Él afirma constantemente que la libertad es el primer y último paso. Los tradicionalistas sostienen que se necesita una mente disciplinada en grado sumo para que haya libertad; primero ha de ser uno un esclavo, y después será libre. Lo que parece más importante para Krishnamurti ─y esto lo ha repetido en todas sus pláticas y diálogos─ es que tiene que haber libertad para observar, no alguna libertad ideológica sino libertad con respecto al conocimiento mismo y a la experiencia que hemos adquirido en el pasado. 
Esto genera un problema tremendo. Si no existe el conocimiento de muchos ayeres, ¿qué es, entonces, lo que tiene capacidad de observar? Si el conocimiento no es la raíz de la observación, ¿qué hay en uno que pueda observar? ¿Pueden olvidarse totalmente los muchos ayeres, acción que es la esencia de la libertad? Él sostiene que eso es posible. Lo es cuando el pasado termina en el presente, enfrentándose a él de manera completa, frontal. El pasado, como él afirma, es el ego, la estructura del «yo» que impide la observación total.
Continuará en otros posts (el libro completo se lo puede comprar o se lo puede descargar por Internet con una simple búsqueda).

Agrego: He publicado dos entradas más que le siguen a esta: la segunda parte, y la tercera parte.
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Imagen Libro en Preste Juan

2 comentarios:

Guzmán. dijo...

¿Por qué no debería uno sentir placer?



Vemos una bella puesta del sol, un árbol hermoso, el movimiento amplio y curvo de un río, o un bello rostro, y mirar eso nos da un gran placer, nos deleita. ¿Qué hay de malo en ello? A mí me parece que la confusión y la desdicha empiezan cuando ese rostro, ese río, esa nube, esa montaña se convierten en un recuerdo, y ese recuerdo exige entonces una continuidad mayor del placer; deseamos que tales cosas se repitan. Todos conocemos esto. He tenido cierto placer, o usted ha experimentado cierto deleite en algo, y queremos que eso se repita. Ya sea que se trate de algo sexual, artístico, intelectual, o de otro carácter, queremos que se repita; y yo pienso que ahí es donde el placer comienza a nublar la mente y a crear valores falsos, irreales.


Lo que importa es comprender el placer, no tratar de librarnos de él; eso es demasiado tonto. Nadie puede librarse del placer. Pero es esencial comprender la naturaleza y estructura del placer; porque si nuestra vida es tan sólo placer, y eso es lo que deseamos, entonces con el placer llegan la desdicha la confusión, las ilusiones, los valores falsos que creamos, en consecuencia, no hay claridad.



5 DE ABRIL OCK- Vol. XV
http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

Addax dijo...

¡Gracias, Guzmán!!! Aunque me repetiste el comentario!!!! ¬¬

Jajaja un saludo!!!!! :D