jueves, 18 de febrero de 2010

El hombre común recuerda

Por favor, esto es sólo un juego del pensamiento. Yo soy un hombre común.

¿Qué utilidad tiene recordar la inexistencia? Pueden tener muchas, claro. Recordar un ser querido que ya no está, recordar a una mascota, a un artista, a un científico, trae un poco de cultura a quienes no conocieron de sus aportes. Pero, ¿cómo es una persona que trae a su presente el recuerdo de alguien o algo que ya no existe? En dos palabras: una olvidadiza. Porque recordar es haber olvidado. El recuerdo y el olvido se unen en un punto que no se baña de sutileza; ir y venir es, justamente, no estar.

¿Las cosas importantes realmente se olvidan? ¿Las cosas importantes, eso trascendente, en las nubes o en la tierra, tienen que ver con la memoria y los recuerdos?



Recordar es poner en la mente un pensamiento que no estaba para que ahora esté, del pasado, del futuro o de donde sea. Y yo me pregunto, ¿qué tipo de pensamiento y contenido aparece y desaparece en la mente como para que exista ese ir y venir? ¿Puede existir ahí dentro, en la mente, "un algo" que no sea la constante del irse y venirse por medio de la voluntad o el inconsciente, por medio de la memoria y el recuerdo? ¿Existe algo permanente en la mente? Y de ser así, ¿será eso lo trascendente?

O tal vez, las cosas de ese tenor no contemplen a eso que llamamos "mente"...y no haya nada que encontrar ni buscar dentro de ella. Tal vez.

También me pregunto si lo trascendente necesita ser recordado. Para cosas más mundanas, como tomar agua, en alguien relativamente sano, no se necesita la intervención de la memoria. ¿Por qué sí para cosas que se consideren más importantes, como la vida misma?

¿Se puede traer consigo un recuerdo que no necesite ser recordado? ¿Entiende la mente de permanencias y cosas permanentes?

Escribo esto porque ayer a la noche, por unos segundos, se me vino sin elección el recuerdo de la inexistencia de mi padre. "Ya no está", me dije. Y también me di cuenta que sí está. Y no es un pensamiento religioso, para que me entiendan, es un pensamiento casi ateo el que tuve. Las cosas trascendentes se cuelan por los poros, y la memoria y los recuerdos son irrelevantes. ¿Es así? ¿Vale la pena recordar en una mente olvidadiza?

Mi ídolo, quizás, habrá dejado de recordar hace tiempo, porque el hombre común, parece, sigue recordando.

¡Un saludo!  =)

2 comentarios:

turca09 dijo...

Y que hacemos con esos recuerdos que no queremos tener y nos asaltan? Y esos otros, que quisiéramos recordar, y simplemente se van? La memoria es selectiva, obviamente, pero a veces se comporta igual que el resto de nosotros: locamente

Addax dijo...

turca09: ¡Holasssss! Al parecer, la maravillosa trampa se desvela en que ¡no hay que hacer nada con nada! A nivel de la mente un "tratamiento" con otra cosa de la mente, sólo entorpece lo que emerge.

Pero, desde otro lado, dar tratamiento a un recuerdo que jode es simplemente observando qué es lo que jode. Ciertas corrientes de pensamientos dicen que sólo basta prestar atención y nada más. Y ese tipo de prestar atención es igual (o tiene que ver) a cuando uno está metido en una actividad tan placentera que lo demás no existe y el tiempo parece se detiene. A todos nos ha pasado.

No estoy a favor de tenerme que sentir bien con la intermediación de un recuerdo o pensamiento cualquiera. Adhiero al bienestar psicológico instantáneo, sin intermediarios.

¡Te mando saludo grande, gracias por pasarte! (Se despide dándole palmadas al televisor)