Adueñándose del silencio

Hay una fortaleza que viene del propio silencio, yo lo sé, cuando uno ve las paredes del Hospital, el rostro de las otras personas, las cosas reflejadas en un espejo, en un azulejo. Adueñarse de ese silencio ha sido como una meta conseguible.

Las cosas trascendentes...Platón, Budha, Jesús, el cielo, las estrellas, las nubes colmando un horizonte. Hice ese silencio, que se trasladó a mi pecho. Sentí mi dedo índice rozando la yema del pulgar, que todo se ha detenido en ese roce.

El sonido del mar, vos lo conocés, el sonido en la noche. Un viento que mueve las hojas de los árboles, el ruido de las ramas. La luna, la luna es el símbolo del silencio, allá, tan allá que parece lejos, pero no es lejos. Las paredes del hospital, las líneas que forman las baldozas. Alguien llorando.

El eco de los pasos en una sala casi vacía. Me adueñé del silencio, de lo trascendente. Ellos, vos y yo, sólo somos seres humanos, nada más. Seres humanos, polvo cósmico. No hay conflicto cuando hay silencio. No hay puja, intereses ni estrategia. Sólo un zumbido. Una seña en los genes, un vacío repleto.

El pecho como un reloj de Vía Láctea. Gente llorando, unos gritos. Las paredes están sucias. Y uno caminado en el surco pensando en lo trascendente. La lluvia, el mismo agua que sintió San Martín, Mariano Moreno, Ghandi...Una puerta que se cierra fuertemente.

Mirando al piso. El pecho haciendo un lazo en la otra esquina de la habitación. Silencio. El pulgar rozando el dedo índice. Hay una fortaleza que viene del propio silencio, yo lo sé, y uno ve paredes pero no son paredes, y rostros pero no son rostros, las cosas reflejando un espejo, un azulejo. En ese momento, este chico, se adueñó del silencio.

¡Mirada en el horizonte, Roal!

2 comentarios:

Roal dijo...

Mi pulgar roza mi dedo índice, cierro los ojos con un mínimo de lágrimas, pocas porque no hay más en este momento, me adueño del silencio llenándome de tranquilidad aunque exista ruido a mi alrededor. Armonía y paz, lo repetí mientras oraba frente a mi papá esta mañana, armonía y paz...

¡Te quiero! Gracias...

Addax dijo...

¡Yo también te quiero, Roal!