lunes, 9 de febrero de 2009

La Muerte no es mala.

¿Te has preguntado alguna vez qué es lo bueno y qué es lo malo?
¿Cómo es tu mirada respecto de la muerte?
¿La muerte es causante de tristezas?
¿La muerte es mala?


La Inteligencia podría entenderse como aquella capacidad que tenemos los seres humanos para discernir entre lo que es bueno y lo que es malo. Si de inteligentes se tratase, la elección por el bien sería la opción más adecuada.
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Lo bueno y lo malo
Satisfacción
    Intuitivamente, cuando pienso en lo bueno pienso en algo que me satisfaga: ¡dulce de leche y crema americana!,...si de helados se tratase...En un principio, digo que lo bueno para mí es algo que me produce una satisfacción.

    Hay dos tipos de satisfacción que pudieran tener efecto en mí:
    • Una es meramente psicológica;
    • La otra, física.
    En el ejemplo, cuando tomo un helado ocurre que, si mis expectativas respecto de los sabores elegidos se condicen con los gustos que voy probando, estoy psicológicamente satisfecho. No obstante, para que la parte psicológica ─la parte de pensamientos y el inconsciente─ tome el dato y diga qué rico se deben producir una serie de reacciones químicas que son en definitiva las que catapultarán la satisfacción.

    (...) Los hombres primitivos aprendieron que los sabores dulces y sabrosos significaban comidas sanas. Como resultado, aún favorecemos estos sabores hoy en día. En efecto, los bebés nacen con una preferencia por el sabor dulce y esto asegurará que acepten tomar leche*, su primer alimento, ya que ésta contiene azúcares naturales (...).
    Cómo saboreamos, pág. 2

    (...) El gusto es un sentido filogenéticamente muy primitivo, que capacita a los organismos superiores para evitar las toxinas (que normalmente presentan sabores muy amargos) así comopara buscar nutrientes (...).
    5. La Alimentación: 5.1 Nutrición y Ciencia, párrafo 9.

    También se podría decir que las papilas gustativas son la forma que tiene la naturaleza de indicarnos la comida que se necesita (Dieta del hombre primitivo, párrafo 22). Ellas han favorecido el desarrollo de los receptores que sirven para distinguir los sabores amargos: hay 27 de ellos que contrastan con los tres que son para los dulces. Todo esto nos ayudaba en la prehistoria a evitar tomar alimentos venenosos (¿Por qué a los niños no les gusta las acelgas?, párrafo 4).

    Se sabe que los bebés tienen preferencia hacia los alimentos dulces, esto es, principalmente, por una necesidad de supervivencia: nuestros ancestros, en un periodo de escasez de alimentos vegetales, tuvieron que recurrir a comidas que proveyeran proteínas más completas y de más fácil digestión ─como las carnes─ y a alimentos que proporcionasen energía con mayor rapidez ─como los dulces─. Esto, sumando al hecho ya mencionado de que rechazamos lo amargo porque es el sabor que tienen, justamente, las sustancias tóxicas, nos puede dar un indicio de por qué biológicamente, ingerir un alimento de sabor dulce nos concede ese placer tan característico.

    Así pues, la mente ─con sus expectativas─ y el cuerpo ─con su evolución─ definen a lo bueno como aquello que causa una satisfacción.
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    Las expectativas psicológicas



    El tema de las expectativas es muy simple: uno prueba un gusto por primera vez, inserta un a referencia en su cerebro, y, con este dato, se servirá para comparar gustos parecidos en el futuro. Si la experiencia inicial (digamos, con el helado de chocolate) trajo agrado, esta referencia positiva hará de regla para los demás sabores de chocolate que se prueben en el futuro. Será así que uno tendrá ciertas expectativas referidas al gusto que se estará por probar. Si la experiencia inicial fuera de desagrado, es todo lo mismo pero en el sentido inverso: la referencia negativa generará una expectativa igualmente, aunque ésta ya no tendrá que ver con la satisfacción sino con su opuesto.

    Lo bueno es algo que produce una satisfacción y, lo malo, su inmediato opuesto.

    La pauta del equilibrio
    Dentro del contexto de la satisfacción se incluye cierta pauta que uno debe seguir para que una situación siga siendo placentera: el equilibrio, la moderación o la justa medida. Esto también es muy simple: todo aquello que pecase por defecto (que le falte) o por exceso (que le sobre) generará disgusto. Es por eso que lo satisfactorio debe presentarse en su justa medida pues es precisamente esto lo que hace que una acción sea saludable.

    Todas aquellas acciones de la mente (como los pensamientos y las imágenes, y su combinación) y todas aquellas acciones del cuerpo que no tengan tendencia hacia un acto de salud podrían catalogarse como malas. Y es que lo malo, en principio, es algo que causa disgusto infiriendo algún tipo de daño.

    Ser saludable o tener salud no es más que la armonía de la mente y del cuerpo en relación a un entorno; de modo tal, que dicha armonía agregue o mantenga la calidad [inicial] del entorno.

    Dentro de este campo, en el que se nombra la moderación y la armonía, la subjetividad de cada uno es la que jugará el papel más importante, puesto que cada persona puede pensar distinto respecto de lo que moderación y armonía debieran ser.
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    Los datos de la mente



    Categorización
    Dependiendo del poco o mucho dato que se tenga en la mente será la calidad de la categorización de algo como bueno o como malo. Esto se puede ver más claro en los acontecimientos referidos a los desastres naturales. Si el dato alojado en la mente sólo observa la historia propia y la más reciente, seguramente, el huracán que destruya mi casa, tendrá muchas posibilidades de ser catalogado como malo. Del mismo modo, si la información alojada en mi memoria contempla una visión que abarque más hechos que los cercanos a mí mismo, es posible, que yo dote de relativismo a mi categorización y no me aventure a decir esto es bueno/esto es malo.

    El pensamiento de la segunda posibilidad obraría así:
    • El Universo tiene, aproximadamente 13,7 mil millones de años: el planeta Tierra, unos 4.500 millones de años;
    • Nuestro planeta nace junto al Sistema Solar. Se cree que por el choque de diversos planetoides durante cientos de millones de años;
    • Inmensas fuerzas se desataron para que pueda conformarse nuestro planeta con
      el tamaño que ahora tiene:
      la acreción colisional produjo una enorme cantidad de calor y, tras millones de años, la Tierra consiguió la formación de su corteza, la cual se caracterizó por su enorme actividad volcánica (Historia del Planeta Tierra, 12vo. párrafo);
    Cabe destacar que no habían seres humanos que dijeran que los acontecimientos que se sucedieron para la formación de la Tierra eran malos ─ni buenos tampoco─.
    • Al colisionar las diferentes rocas, se liberaban grandes masas de vapor de agua y de otros gases: éstos, una vez enfriada la Tierra después de decenas de millones de años, se licuaron formando los océanos.
    Nada de lo que sucedió en la formación de nuestro planeta ha sido un mar de tranquilidad y serenidad, por el contrario, hubo mucho quilombo previo para que éste pueda ser lo que es ahora, entiéndase: desastres, tras desastres, tras desastres...
    • Teniendo el dato de que huracanes, terremotos, tsunamis, erupciones y demás catástrofes naturales existieron desde el nacimiento del planeta Tierra: ¿cómo, ahora que la naturaleza sigue su ciclo en los lugares que me toca estar, puedo decir que todo eso es algo malo y negativo?
    Las estructuras neurobiológicas que abren al hombre el mundo del pensamiento son neutrales, respecto al tipo de cultura que puede hacerse con ellas.
    http://html.rincondelvago.com/origen-de-la-mente-humana.html


    Es así que dependiendo de los datos que se tengan en la mente será la calidad de la categorización de los hechos que me circunden.

    Una mente con poca información tiende a aventurarse a formular cualquier juicio de valor.
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    La naturaleza



    Lo natural 
    Lo natural es todo aquello que viene a la existencia por la Naturaleza. La Naturaleza es aquella fuerza que permitió la existencia de todo cuanto el hombre puede conocer siendo, a su vez, todo cuanto existe. El hombre es producto de lo natural y, por ende, es algo natural. La única forma de que el hombre produzca algo artificial es duplicando a la naturaleza o haciendo un relato distinto de su realidad.

    Desde mi punto de vista, cualquier cosa que esté adentro el campo de lo natural escapa a cualquier categorización que tenga que ver con lo bueno y con lo malo. Si bien es una forma de pensar que utilizo intermitentemente, (es decir, una parte de mí hace y no hace caso a la principal aseveración de este párrafo) yo considero que es un dato digno de ser tenido en cuenta.

    Seres vivos 
    Hace unos 3.600 millones de años se piensa aparecieron los primeros seres vivos. La ley de la vida comenta que algo vivo en algún momento deberá morir. Teniendo en cuenta que la Tierra tiene unos 4.500 millones de años, nosotros empezamos a querer aparecer recién hace, más o menos, 50 millones de años. En otras palabras, dentro de los años de nuestro planeta, nosotros desde nuestros ancestros tenemos la representación del 1% de su edad: ¡somos muy pero muy infantes!

    Organismos 
    En términos prácticos, sólo hay categorización (de cualquier tipo) en los lugares en donde habita el ser humano actual. El humano es sólo un representante más de la vida en la Tierra: La humanidad es un organismo más.

    Un organismo es cualquier sistema vivo formado por una o más células (Glosario - Organismo).

    La vida es posible porque cada organismo puede, además de otras funciones, mantener estables las variables básicas de su funcionamiento, autorregulándose mediante la homeostasis.
    [Norberto Levy - El asistente interior, pág. 15.].
    • Los mecanismos de autorregulación no están ligados al criterio de la voluntad individual: es decir, dependen más de la parte biológica o animal que de la parte humana o mental;
    • Las posibilidades de supervivencia biológica no se relacionan estrictamente con el aspecto mental: la Naturaleza ha perfeccionado estos mecanismos durante cuatro mil millones de años ensayando diferentes variables hasta dar con lo que somos ahora.
    Nuestro organismo, como representante de la vida, ha aprendido durante una enorme cantidad de tiempo logrando un alto grado de eficacia. Por otro lado, el tiempo que tuvo nuestro organismo para aprender es inmensamente mayor que el tiempo que tiene de existencia nuestra querida Mente.

    Si nosotros, como especie humana, estamos hace muy poco en la historia global del planeta Tierra (lo cual, significa menos tiempo para aprender), nuestra mente, como relativo producto de la evolución, es un bebé de pecho en la historia de la Naturaleza, es decir, de todo el Universo. El yo es una instancia radicalmente reciente, dentro de los aspectos evolutivos de la vida, que emergió a través del desarrollo del cerebro.

    Se estima que el cerebro humano tiene una edad aproximada de tres millones de años. Comparen estos tres millones de años con los tres mil millones con lo que la vida viene haciendo pruebas de ensayo y error y se darán cuenta que la mente (producto de las funciones cerebrales súper especializadas) es un componente sumamente precario en términos evolutivos siendo ampliamente superada por los aspectos biológicos.

    ¿Cómo un ser humano con tan poco en la Tierra puede siquiera juzgar algo como mínimamente bueno o malo? No vamos a descubrir aquí que la mente dota al hombre con la posibilidad de hacer presunciones aventuradas y que de hecho gran parte de nuestras aseveraciones están impregnadas de una inadecuada magnitud y de una sorprendente ingenuidad.
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    El juicio de valor



    El juicio de valor es un tipo de pensamiento acerca de lo errado o acertado de algo. Se basa en una serie de preceptos que mayoritariamente vienen establecidos según el momento cultural desde el cual se expresa. Es decir, toda persona que juzgue algo como verdadero o falso lo va a hacer respecto de los valores que adoptó de la cultura en la que se encuentra sumergido. Es por eso que en las épocas primitiva, prehistórica y en la antigüedad, se consideraba a las enfermedades como provenientes del ámbito mágico, mientas que ahora se sabe que la existencia de microorganismos y agentes patógenos son las que las producen. Cuando los valores, que posibilitan una determinada categorización, cambian, también lo hacen esas mismas categorizaciones.

    Un momento de tristeza
    Si una persona considera a la muerte como algo malo, lo que hace en realidad, mediante la adopción de un sistema de valores (impuesto o auto-impuesto), es brindar un punto de vista absolutamente relativo respecto de la finalización de la vida. Si aquellos valores son cambiados también serán cambiadas las aseveraciones que se desprendan de ellos. Sin embargo, para esta persona la muerte no será mala en sí misma sino porque ésta viene a significar algo más: un momento de tristeza. Un ejemplo muy claro, de pensar que la muerte es la que provoca el sentimiento de tristeza y congoja, emerge en las situaciones en las que un ser querido cercano fallece. No obstante, los parientes vivos no emitirán sentimiento alguno sino hasta enterarse del deceso. Si los pensamientos y las ideas respecto de muerte tienen que ver con los puntos que se relacionan con la tristeza, pues, eso mismo es lo que uno se producirá.

    La muerte como algo triste es sólo una forma de mirar a la muerte.
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    El Día de los Muertos



    Todo esto cambia ─o es susceptible de ser cambiado─ cuando nos enteramos que diferentes culturas en la humanidad abordan a la muerte de diferentes maneras: no hay una forma predeterminada en virtud de la cual haya que adoptar tal o cual postura en relación a la muerte.

    Un ejemplo distinto al caso de la Argentina y la cultura específica de la que formo parte, es la celebración del Día de los Muertos en México y partes de Estados Unidos, Centroamérica y Brasil.

    En dicha celebración (...) algunas familias también visitan el cementerio, les llevan flores (los que pueden también Mariachis) y comen sobre la tumba, acompañados por el alma de su difunto (...) (Celebrar la muerte para aprender a vivir, párrafo 5).

    Este modo de festejar la muerte de un ser querido acerca, tanto a niños como a adultos, la idea de la finalización de la vida como parte de su ciclo natural. Sin más.

    El Día de los Muertos fue distinguido por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) el 7 de noviembre de 2003 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.
    (http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_Muertos#Patrimonio_de_la_Humanidad)

    Un punto de vista diferente de la muerte lo brinda Don Juan en el libro Una realidad aparte de Carlos Castañeda:
    ¿Cómo ejercita su desatino controlado un hombre de conocimiento en el caso de la muerte de una persona a quien ama?

    Tomado por sorpresa, don Juan me miró extrañado.

    Digamos su nieto Lucio dije. ¿Serían desatino controlado los actos de usted en caso de que él muriera?

    Digamos mi hijo Eulalio, es mejor ejemplo, repuso con calma don Juan. Lo aplastó un derrumbe cuando trabajaba en la construcción de la Carretera Panamericana. La manera cómo actué con él en el momento de su muerte fue desatino controlado. Cuando llegué a la zona de explosivos, casi estaba muerto, pero su cuerpo era tan fuerte que seguía moviéndose y pataleando. Me puse frente a él y les dije a los muchachos de la cuadrilla que ya no lo acarrearan; me obedecieron y se quedaron allí parados alrededor de mi hijo, mirando su cuerpo maltrecho. Yo también me quedé allí parado, pero sin mirar. Cambié mis ojos para ver cómo su vida personal se deshacía, se extendía incontrolable más allá de sus límites, como una neblina de cristales, porque así es como la vida y la muerte se mezclan y se expanden. Eso fue lo que hice en la hora de la muerte de mi hijo. Eso es todo lo que uno podría hacer, y es desatino controlado. Si lo hubiera mirado, lo hubiera visto quedarse quieto y habría sentido un grito por dentro, porque ya nunca más miraría su hermosa figura caminando por la tierra. En lugar de eso vi su muerte, y no hubo tristeza ni sentimiento. Su muerte era igual a todo lo demás.

    Don Juan guardó silencio unos instantes. Parecía triste, pero entonces sonrió y golpeteó mi cabeza con un dedo.

    -Puedes decir que, en el caso de la muerte de un persona a quien amo, mi desatino controlado es cambiar los ojos.

    Pensé en la gente que yo amo, y una oleada de pena, terriblemente opresiva, me envolvió.

    Dichoso usted, don Juan dije. Usted puede cambiar los ojos, mientras que yo no puedo sino mirar.

    Mis frases lo hicieron reír.

    ¡Qué dichoso ni qué la chingada! dijo. Es trabajo duro.
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    La muerte no es mala



    La vida puede que sea un extraño soplo y, la muerte, sólo el hermoso aire que vuelve a ingresar a la gran boca del Universo...

    Ojai, 7 de junio de 1932

    Interlocutor: Usted ha dicho que la muerte, el amor, el nacimiento, son esencialmente una cosa. ¿Cómo puede sostener que no hay diferencia entre la conmoción y el dolor que implica la muerte y la felicidad del amor?

    Krishnamurti: ¿Qué entiende usted por muerte? La pérdida del cuerpo, la pérdida de la memoria; y espera y piensa que después haya una continuación. Algo que se ha ido de aquí, eso es lo que llama muerte. Ahora bien, para mí la muerte es producida por la continuación de la memoria, y la memoria no es sino el resultado del anhelo, del apego, del deseo. De modo que, para una persona que está libre de anhelo, no existe la muerte, no hay comienzo ni final, ni el sendero del amor ni el sendero de la mente, el dolor. Por favor, estoy tratando de explicar que, en la persecución de un opuesto, creamos una resistencia.

    Si siento miedo, busco valor; no obstante, el miedo me persigue porque sólo estoy escapando de lo uno hacia lo otro. Mientras que, si me libero del miedo, no conozco ni el valor ni el miedo; y yo digo que la manera de hacer eso es volverse alerta, vigilante, no tratar de reunir valor, sino librarse del motivo contenido en la acción. O sea, si usted tiene miedo, no busque un motivo para la acción del valor, sino libérese del miedo. Ésa es la acción sin motivo. Si de verdad ha comprendido esto, verá que el tiempo, la muerte como futuro, ha cesado.

    La muerte no es sino la percepción de una intensa soledad, y así, estando atrapados en la soledad, nos precipitamos hacia lo otro, deseamos la unidad, o queremos descubrir qué existe del otro lado; para mí, ésas son maneras de perseguir los opuestos y, por tanto, maneras de sostener permanentemente la soledad. Mientras que, al afrontar la soledad, al regocijarnos plenamente en esa acción tornándonos lúcidamente conscientes de la soledad, la destruimos en el presente. Por tanto, no hay muerte.

    (Extracto Sobre la Vida y la Muerte, Jiddu Krishnamurti).

    La muerte no es mala, no existe, moramos en paz.

    Fuente: Artículo propio.
    Imágenes: Expectativas, Mente humana, Naturaleza, Jucio, Día de los muertos, Chiste muerte.