¿Qué es la Autoestima? (1)

En mi correo de GMail cada semana me encuentro con un mensaje de YouTube que actualiza el contenido de las temáticas a las que previamente me subscribo. En esta ocasión lo primero que encontré fue unos videos subidos por un usuario en los que se conversa a través de varios capítulos sobre la Autoestima.

Yo transcribiré ahora algunas expresiones que me parecen importante de esos videos y mis pensamientos sobre lo que en ellos se dice.

El usuario que sube los videos pone en la descripción de los mismos lo siguiente:
Prof. Dr. Aquilino Polaino-Lorente, Catedrático de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid e investigador -colaborador del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, autor de numerosos libros de su especialidad, analiza a través de cinco lecciones -realizadas de forma dialogada con la periodista Elica Brajnovic- la importancia de la educación en la autoestima en el ambiente familiar: sus dificultades, pautas de comportamiento y soluciones.

La entrada siguiente relacionada con este tema, y que es continuación de esta entrada, es:
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Lección 1ª ¿Qué es la Autoestima? 01 y 02
http://www.youtube.com/watch?v=95XE1rafjAc

"...La Autoestima es el conjunto de actitudes y juicios de valor que una persona hace respecto de sí misma, en clave afectiva...".

Para descubrir qué es una actitud yo siempre lo que hacía es poner la palabra acto junto a la palabra apto. Cuando me iba a natación en la secundaria y me tenía que hacer una revisión médica, en el papelito final que a uno le daban los médicos, ponían "apto" o "no apto", es decir, o se cumplía con los requisitos de la revisión -y podíamos meternos en la pileta- o no los cumplíamos y debíamos hacernos un examen más riguroso. Tener aptitud para una tarea cualquiera es cumplir con el pliegue de requisitos para esa tarea, y, tener actitud para una tarea, es tener cierta predisposición para llevarla a cabo. Por ejemplo, yo no estoy apto para ahora mismo ir y escalarme el Aconcagua, pero sí que tengo la actitud necesaria para que en algún momento logre estar apto entrenándome adecuadamente. Las actitudes se revelan en el modo en que alguien enfrenta una situación: en la primaria a mis padres mis maestras en el final de año les decían que yo era un niño muy capaz e inteligente pero que también muy vago. Mi actitud en la mayoría de las veces respecto de algunos temas de estudio en la primaria y en la secundaria fue de desgano. Pero siempre fui apto para aprender tales conocimientos.

Seguramente, escucharon por ahí de un multimillonario actor estadounidense sumido en la adicción a las drogas: mucha plata y mucha fama pero... Se podría decir de ese actor que su actitud para consigo mismo es de tal forma que le permite hacerse un daño consumiendo, digamos, cocaína. Esa actitud puede ser una de muchas, de hecho, una de tantas que nosotros tenemos. Cada quién se podría preguntar qué actitud tiene para consigo mismo en un contexto de infidelidad, desamor, enfermedad, vicio, trabajo, estudio, etcétera. Las predisposiciones que tenemos para con nosotros mismos, en todas las ocasiones en las que nos toca estar presentes, es lo que más arriba define como un conjunto de actitudes. Un ejemplo más: cuando yo pierdo jugando al ajedrez me puteo tanto (diciéndome qué boludo cómo no me di cuenta de tal jugada o qué tonto que soy cómo voy a mover tal pieza) que mi actitud frente a la derrota es la de irrespeto hacia mí mismo.


Justamente, los juicios de valor, se relacionan con decir soy inteligente, soy tonto, soy flaco, soy gordo, soy alto, soy petizo, los días nublados son feos, los días fríos son insoportables, los tigres son lindos, las ratas son asquerosa, etc., etc. Esto se vincula con el valor que otorgamos a las cosas, a las personas y a nosotros mismos. El juez hace un juicio de valor sobre el acusado diciendo culpable o inocente y nosotros decimos esa chica me gusta, soy muy bueno jugando al fútbol... El juicio de valor es una apreciación favorable o desfavorable sobre una cosa, hecho o persona. La estima hacia uno mismo tiene que ver con valorarse de manera favorable. Si los juicios de valor de y sobre uno no son favorables, ese conjunto de apreciaciones, pesará en la propia estima.

A continuación, lo que el Profesor
Polaino-Lorente dice en el video es que la autoestima es una parte de lo que en psicología se conoce como Autoconcepto. El autoconcepto es la capacidad de juzgarnos a nosotros mismos que se basa en las creencias que tenemos sobre las propias características: a nivel físico, psicológico, intelectual, social, afectivo. http://www.xtec.net/~cciscart/annexos/autoconcepte2.htm

En las palabras del propio Prof.: "La autoestima sería una parte del autoconcepto pero en clave emotiva/afectiva".

Polaino-Lorente comenta que la autoestima es un sentimiento primario en el ser humano y que tiene que ver con esa misma condición de ser humanos. Él habla de los regalos y que, precisamente, la vida es un regalo. Yo pienso que esto último tiene mucho sentido porque ¿qué es sino un regalo algo que uno recibe sin haberlo pedido? Desde el punto de vista que nuestra vida se origina y viene por la actuación de nuestros padres, la autoestima, se relaciona íntimamente con el tipo de vínculo de los padres para con sus hijos. Relata también como algo curioso que en la mayoría de las personas a quienes se les preguntó si recuerdan cuál fue su primer sentimiento (algunos se remontaron a los 5 años, otros, incluso a los 2) se notó que el primer sentimiento que tienen en su memoria no es un sentimiento acerca de sí, sino, acerca de la relación con sus padres. Por eso la autoestima es un tipo de conocimiento que se adquiere mediante una educación adecuada.


Aquí recalco el hecho de lo importante que es enseñar a lidiar con uno mismo desde la infancia. Muchos de los conocimientos que los niños tienen respectos de sí mismos se enriquecerán cuando en el manual de enseñanza de las maestras y profesores se encuentre un buen apartado sobre la Inteligencia Emocional. Aprender a querer-se y valorar-se está estrechamente relacionado con la educación, tanto la que se recibe en la casa o en el entorno familiar como la que se recibe en la calle, las escuelas y colegios. Es de tamaña inmadurez que, dentro de la temática de lo que se enseña en las escuelas, no se incluya el conocimiento y el tratamiento de una de las fuerzas más grandes que puede experimentar un ser humano en su vida: sus emociones.

Todo cuanto el humano hace está dotado de pensamiento, sentimiento y emoción, y, en realidad, no somos más que ese primigenio conjunto.


¿Es posible querer y quererse si a una persona no se la ha querido antes?


Si se juntan un puñado de pensamientos que generen sentimientos negativos -que repercuten específicamente en la autoestima- y si se los examina con mucha atención, se podrá observar que la posibilidad de sentirse bien con uno mismo no tiene más que ver que con otorgar de mejor contenido a esos pensamientos de manera tal que éstos se transformen en positivos. En mi propio camino me he preguntado que si considerándome un desastre en alguna cosa yo debería cambiar ese pensamiento por el de soy un genio en matemáticas. Yo entendía el cambiar un pensamiento negativo por uno positivo como un mentirme a mí mismo ante tal o cual cosa. Pero no es así. El de las matemáticas es el ejemplo clásico: muchos nos damos cuenta que no es que no nos guste las matemáticas sino que se nos ha enseñado para la mierda y que eso generó después un disgusto de la forma: no sirvo para los números. Si a determinada edad uno se valora como malo para los números la verdad no es más que para ahora uno tener ciertas habilidades en, digamos, los cálculos, se debió haber hecho las elecciones necesarias en su momento que permitan generar la apreciación de sabedor o habilidoso de los cálculos. En todo caso, la cuestión está en saber -y este es el pensamiento positivo- que uno en cualquier momento puede hacer las decisiones adecuadas para revertir la apreciación propia sobre los números y las matemáticas.
  • Me considero muy malo jugando al fútbol;
  • ¿Puedo cambiar esa apreciación incorporando alguna práctica que me de las características de un buen jugador?;
  • No, no puedo. Bueno, entonces me dedicaré a no cascotearme en el asunto del fútbol ya que no tengo posibilidad de mejorar en ese punto;
  • Sí, si puedo. Bueno, busco el tiempo y la forma de mejorar mi condición física y técnica de modo tal que me estime favorablemente a la hora de jugar a la pelota.
La posibilidad de quererse y valorarse a uno mismo está siempre presente en todo momento. Es por eso, que no importa si a uno lo han querido o no, la posibilidad de autoestimarse apropiadamente es una cuestión accesible para cualquiera. Claro que conllevará un esfuerzo distinto el que deba llevar a cabo una persona que no ha sido educada en la estima propia en comparación con alguien que sí lo fue pero ¿qué cosa en la vida no necesita de un trabajo para uno volverse habilidoso? Los ajedrecistas practican, los deportistas practican, los matemáticos practican; las que ahora son nuestras madres que cocinan riquísimo también practicaron en algún momento y, con el tiempo, se volvieron expertas en el arte culinario. Desde mi personal punto de vista la autoestima, la felicidad, la memoria, la soledad...etc. son una elección y un trabajo; una elección que conlleva la movilización de una energía para lograr determinado fin.

El Profesor
Polaino-Lorente también responde -cómo no- que es posible la autovaloración incluso también cuando una persona no ha recibido cariño antes. Él razona diciendo que con los sentimientos las personas se abren al mundo de los otros desde los mismos sentimientos que tienen adentro. Esos sentimientos proceden de la capacidad de entrega que los demás tuvieron para con esas personas. Comenta que hay algunas personas que son más sensibles a la vida afectiva y que se emocionan más cuando son queridas que cuando no y que esto puede ser porque ellas toleran mejor la frustración que supone pasar inadvertidas entre las demás personas. Estas personas despiertan a la sensibilidad cuando piensan que no valen nada y que sin embargo son queridas. Explica que la premisa que hace posible el poder superar las situaciones pasadas de no-cariño es decirse que lo que no se ha hecho con uno no se va a hacer con los demás, vale decir, no voy a repetir lo malo que se me ha hecho con las personas que me toque estar...

Lo común es que si una persona no ha sido querida encuentre resistencia al hecho de quererse a sí misma y al hecho de querer a los demás. "Si una persona no ha sido querida es probable que piense que no merece ser querida porque no vale, y, si no vale, no tiene tampoco mucho sentido que quiera porque qué va a dar a los demás si no vale".

Es muy cierto lo que dice a continuación cuando se refiere a que si una persona no está conforme consigo misma no va a correr los riesgos que las personas enfrentan cuando están seguras y conformes de sí mismas.

El Profesor hace una salvedad absolutamente importante y trascendental respecto de la tergiversación que se hizo en el mundo occidental sobre el concepto de autoestima: cita a un famoso filósofo y psicólogo (todos los que estudiamos psicología lo leímos en parte alguna vez) llamado William James que, en su libro Principios de psicología (1890) en un apartado sobre la autoestima, concluye que ésta es el resultado de la división entre las expectativas y los resultados obtenidos:

Autoestima = Expectativas/Resultados

Señala que muchas personas encuentran que la autoestima es exclusivamente el logro de objetivos y que por ello suponen que aquella persona que más autos tenga, más dinero, más títulos de estudio, más mujeres/hombres, más éxito y popularidad, etcétera, es quien debiera tener mayor autoestima y, por ende, mayor felicidad. En sus palabras comenta que aquello le parece "la caída, el hundimiento en el pragmatismo utilitarista, en el eficientismo". Polaino no cree que eso se compadezca bien con la condición humana y que no es propio del ser humano estimarse sólo por lo que tiene, lo que sabe, lo que siente, en fin, por los logros personales. "Hay logros personales que nunca se cumplen en el tiempo y que están frustrados y, sin embargo por eso, las personas no tienen un déficit de autoestima o no deberían tenerlo y en esto consiste la educación".

Regala un concepto al que adhiero sobre por dónde debiera versar la concepción de la autoestima: "La autoestima tiene que surgir de la contemplación, del regalo de la vida, y de la dignidad personal"; en contraposición con el pensamiento que considera un logro digno de estimación las adquisiciones materiales especialmente.

Hace un tiempo me enseñaron y creo aprendí que la autoestima no es un valor fijo, estático, sino que más bien es uno dinámico, que va cambiando dependiendo de las circunstancias. La estima hacia uno mismo a veces estará más baja, otras, más alta y es frecuente y común que así sea. En lo que sí se debe prestar minuciosa atención es cuando nuestra estima se encuentre en un bajo nivel. A mí me pasa muchas veces que las frustraciones producidas al no poder lograr ciertos objetivos me conllevan a que mi ego se vea afectado; no obstante, a los estados de ánimos bajos hay que dejar pasarlos así como también a los momentos en los que nuestra autoestima se encuentro normalmente baja. Ahí encuentro yo como claves el autorrespeto y la paciencia, puesta en la visión del panorama completo y la confianza en el proceso.

Es muy importante para mí hacer destacar otra de las cosas que expresa
Polaino-Lorente: es posible tener una excelente autoestima y de experimentar la felicidad aún sin haber cumplido con todas las metas propuestas. Con esto último me genero una gran expectativa.

En su opinión -y en mi interpretación-, hay dos partes de la autoestima que debieran ser complementadas: una, que es la concepción desde los principios (el valor de la vida, la dignidad humana), y, la otra, la concepción desde los resultados y logros obtenidos.

Ahora, en mi opinión, creo que en nuestra sociedad argentina se confunde mucho a una persona que expresa y demuestra una buena autoestima con la soberbia (como los que algunos dicen tiene Maradona al hablar; no es mi caso) o la vanagloria u orgullo (como los que por ahí vi que se tildó a Guillermo Vilas). Sin irme más lejos, hoy una persona me comentó lo poco humilde que le parecía Mariano Mores en una entrevista; desde mi punto de vista, para un tipo como Mores, con 91 años y paseándose
tocando el piano por cuanto espectáculo tanguero haya, con esa edad, con sus logros y con su personalidad absolutamente ya formada, es verdaderamente sano la obtención de una expresión repleta de amor propio y galantería. Yo considero como la cúspide de una salud el llegar a esa edad con la lucidez, la vitalidad y las demostraciones de estima hacia sí mismo que observo de Mariano Mores. Quizás influido por mi padre, no estoy de acuerdo con el concepto de humildad, a mi modo de ver, la humildad está impregnada de cierta visión religiosa de la que no creo que haya salud en cuanto a la situación de mi vida personal presente. Creo que no considero a la humildad como una virtud, y si lo fuera, yo prefiera como tal mejor a la simpleza y a la sencillez.

Lo que sigue será la continuación de
Lección 1ª ¿Qué es la Autoestima? 01 y 02 en la pregunta 'Qué importancia tienen los valores en la autorrealización'.

¡Saludos!

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