La Psicología de la perdición

El caos y la perdición tienen mucho de descondicionamiento psicológico. Así, el estado antes de encontrarse es haber estado perdido. El encuentro sensato con uno mismo es una forma de perdición; el Yo ya nunca más tiene razón, y todo el mundo emerge tras algún silencio.

Cuando el mundo aparece para una persona, ella ya no puede moverse fielmente desde un centro. Ahora se pierde tras las ramas de un árbol... Por eso, una persona libre se encuentra sólo para volverse a perder.

Todo acercamiento sensato hacia uno mismo es desconstrucción. Desarmarse hasta el punto de llegar a lo que ya estaba hecho con anterioridad es otra forma de perdición. Sin embargo, entablar un camino sólo para lograr un fin es statu quo, y, por lo tanto, una trampa. Desear perderse es condicionamiento.

En medio de toda esta perdición personal es claro que aparece el mundo. Cuando esto sucede, las palabras son más que nunca una herramienta, y ya se habrá desarrollado el hecho de ver que nunca fueron soporte para los descubrimientos.

El Yo se empieza a perder cuando descubre que palabra y pensamiento son sinónimos, y sigue igual camino, cuando se da cuenta que por sobre aquello es dueño. El Yo es dueño de no padecerse a sí mismo y, luego de controlarlo todo, todo lo deja ir, porque acercamiento sensato es perdición como el viento y la hoja caída de la rama.

El azar es una situación sin Dios, no porque no se crea o no se quiera a un dios, sino, porque en el lugar en donde pudiera haber un dios, si hay libertad, el dios observa gustoso, silencioso. El azar es un amigo de la mente aunque la mente, toda construida, no le entienda. El Inconsciente, el gran trasfondo de uno mismo, va dejando en cada impresión un significado, nutriendo la estructura de la que la mente tanto es afín. Pero, cuando la cosa sin significado toca lo que lo ha venido teniendo, se quiebra el marco, el trasfondo pasa hacia adelante, y el azar viene en la forma de una bendición.

Así, el azar es una bendición, y, la perdición, una esperanza. He aquí el esbozo de una Psicología de la perdición.

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