La lógica de fumar —o no hacerlo— en mi padre (1)

A este texto lo escribí en el año 2005, pasado el mes del no-fumador.
En él le hablo a mi padre sobre lo que pienso cuando fuma y lo que sustenta para seguir haciéndolo. Por supuesto, mi visión subjetiva de las cosas.

Lo dividiré en cuatro partes:
  1. Las observaciones iniciales.
  2. La consciencia sobre los actos.
  3. Diferentes del resto ¿o somos el resto?
  4. La filosofía a la vuelta de la esquina.

Son dos motivaciones las que me llevaron a escribir esto:
una, la ejercitación de la cabeza, por lo que jugué a pensar; la otra, si lees de seguro te vas a enterar.


El texto va dirigido a mi padre, a modo de carta. Quienes lo lean, serán afortunados y especiales testigos invitados.

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La lógica de fumar o no hacerlo en mi padre.

Observaciones iniciales.
Comienzo desde cero.
Por ello, diré —sin que me importe si es una obviedad—
que considero el fumar como un mero acto, del mismo tipo que estornudar, dar la mano o cruzar una calle.
Que la mayoría de las personas fumadoras, con las que alguna vez conversé, se consideran con pleno dominio de la decisión de no hacerlo. Sin embargo, ambos sabemos que, en variadas ocasiones, la mayoría se equivoca.
Una particularidad sucede cuando las personas que fuman (y que yo considero inteligentes), buscan y encuentran un justificativo para seguir haciéndolo. Circulan por recursos filosóficos que adaptan a su necesidad de dar-se su propia respuesta del hecho
o de darla a los demás —siempre molestos— que preguntan y objetan.



Los conceptos de Bien y de Mal.

Sabemos que casi nadie ha llegado a los conceptos finales sobre lo que es bueno y lo que es malo. Sabemos que existen aproximaciones que son, digamos, un soplo de la verdad o de lo exacto. No obstante ello, hay que tener en cuenta que el ser humano como especie se mueve por sobre estas aproximaciones; y que el hecho de que quizás no se sepa la exactitud de cada tema o cosa, no significa que no se deba investigar, puesto que la historia demuestra que los hombres y mujeres —en definitiva, aquellos quienes osaron investigar algo— que intentaron encontrar el significado o el sentido de sus inquietudes  se ayudaron a sí mismos y al resto de la humanidad con esas aproximaciones. Hoy sabemos que la sociedad toma estas aproximaciones para organizar y regular los actos y comportamientos de los ciudadanos.

Por lo tanto, una aproximación —aunque sea sólo una aproximación sirve en casi todos los comienzos sea cual fuera la necesidad del momento.


Desde mi punto de vista, una aproximación hacia una verdad o lo exacto respecto del concepto del Mal —y del Bien, por añadidura— sería decir que algo cumple dicho papel cuando sus actuaciones van en contra de su propia naturaleza o de la de otros. Siguiendo esta línea, tal vez una persona mala (no sólo en el sentido maléfico, sino también en el sentido del poco o nulo acierto en sus actos*) sería la que por ignorancia, decisión —o lo que sea— negase y se va en contra primero: de su propia naturaleza y la de los otros, y, segundo: de la naturaleza de las cosas y lo demás.


La afirmación subjetiva de decir que algo es malo.

Este concepto aplicado a las personas —a los animales también (?)—, varía según el acto que se observe. Por ejemplo, es totalmente discutible pensar, siguiendo mi línea de pensamiento, que es malo cortar hierbas para comer porque ese simple acto sin dudas va en contra de la naturaleza de esa hierba, que será, digamos, seguir viviendo y reproducirse. Sin embargo, no comer es un hecho que no está en nada ligado a la naturaleza del ser humano.


Al final, mi apreciación es una bien subjetiva y por lo tanto sólo mera aproximación y, por ello, absolutamente discutible. Debemos saber que según los conceptos que se tomen, irán surgiendo diferentes características a las apreciaciones acerca de lo bueno y de lo malo, implicando a su vez, una decisión por parte de uno mismo que se vinculará con elegir con cuál apreciación quedarse. Es decir, yo tomo, en el ejemplo, la necesidad de comer del ser humano y otros bien podrían tomar el punto de que los vegetales están para alimentarnos, y, a su vez otros, de que el hombre debe ser vegetariano..., etcétera.

Propongo, pues, seguir con la línea de pensamiento que expongo  ue cualquier cosa puede ser mala si va en contra de su propia naturaleza... a fin de entender lo que quiero decir.

La Naturaleza del ser humano.

Me atrevo a decir que casi ningún ser humano encuentra, en el corto y mediano plazo, cuál es su propia naturaleza. Preguntarse por ella comprende las inquietudes sobre de qué estamos hechos y qué sentido tiene la existencia en un momento presente. Quizás, y hasta por ahí nomás, biológicamente lo sepamos: venimos de unos monos que demoraron 1,5 millones de años en dominar el fuego; o venimos del soplo inexplicable del Dios.

Pero, en lo referido al destino —si se llegara a creer en él—, a la relación con las demás personas y al propio desarrollo personal, uno demora en saber qué es y para qué está. (¿Mucho lío para decirte que no fumes? :D)


Una clave para saber sobre nosotros mismos es la observación de los propios actos y de los ajenos. Aprendiendo uno a observarse a sí mismo puede generar luz sobre los porqués de esos actos. Si uno sabe de dónde viene su comportamiento, sabrá toda la naturaleza de ese comportamiento, de sí mismo y del resto de la humanidad. Yo intuyo que el conocimiento de toda la humanidad está en la observación de uno mismo.


Según mis propias observaciones, he podido darme cuenta de que lo malo se atenúa en sus efectos cuando deviene la costumbre. Dichos efectos pueden ser sobre el cuerpo o sobre la mente. Respecto de esto, yo no encuentro oposición al examinarlo, pues lo experimento a menudo en mis diversos males físicos y mentales**. Mientras más repetitivos los comportamientos, más automáticos y, a su vez por ello, menos conscientes; quizás por alguna cuestión de economía, tal vez por alguna ley de equilibrio.

La Naturaleza del ser humano se descubre a veces en la regularidad de los actos.


Sigue en La lógica de fumar -o no hacerlo- en mi padre,
2. La consciencia sobre los actos.
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* En realidad, la eficiencia o deficiencia en los actos para mí no son propios de una persona que se pudiera catalogar como mala. Es decir, acertar o errar no es de alguien malo. No obstante, ¿cómo se le dice a quien obra mal en un asunto aunque no haya maleficencia?
** Estos dos asteriscos eran sólo una nota para mí jójójó (pequeña broma del escritor).


2 comentarios:

Ivy dijo...

sabés? no sé si es el formato del blog o qué, pero se me hace muy engorroso leer tus textos, no por el contenido, sino por la manera en que están publicados

lo malo es que me parecen interesantes, pero me cuesta horrores leerlos

Addax dijo...

Ivy, a mí no se me estaba haciendo cómodo ni ingresar entradas.

La otra vez me dijiste que, efectivamente, no se podía comentar. Y cambié una opción y se solucionó.

Ahora, con tu punzante apreciación, produje el cambio. Creo que el blog es más cómodo de leerlo así como está en estos momentos. Ojalá te resulte igual de confortable que a mí.

¡Se agradece! Abro los brazos para hacerte úpa.
Jajaja chau!