¿Qué es la Autoestima? (2)

En mi correo de GMail cada semana me encuentro con un mensaje de YouTube que actualiza el contenido de las temáticas a las que previamente me subscribo. En esta ocasión lo primero que encontré fue unos videos subidos por un usuario en los que se conversa a través de varios capítulos sobre la Autoestima.

Yo transcribiré ahora algunas expresiones que me parecen importante de esos videos y mis pensamientos sobre lo que en ellos se dice.


El usuario que sube los videos pone en la descripción de los mismos lo siguiente: Prof. Dr. Aquilino Polaino-Lorente, Catedrático de Psicopatología en la Universidad Complutense de Madrid e investigador -colaborador del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad de Navarra, autor de numerosos libros de su especialidad, analiza a través de cinco lecciones -realizadas de forma dialogada con la periodista Elica Brajnovic - la importancia de la educación en la autoestima en el ambiente familiar: sus dificultades, pautas de comportamiento y soluciones.

La entrada anterior relacionada con este tema y de la cual esta es su continuación es:

Lo que sigue es: '¿Qué importancia tienen los valores en la autorrealización?'.

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¿Qué importancia tienen los valores para la autorrealización?
http://www.youtube.com/watch?v=UnQKdrSCv7o

"Homo mensura"

Estudiando filosofía, hace unos años, me encontré con una frase que primero me agradó y luego me impactó:


«El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, de las que no son en cuanto que no son». (Wikipedia, Protágoras: Pensamiento.)

Escuchando en el video al Profesor me di mejor cuenta de esa sutil verdad. ¿Quién es sino el mismo hombre quien otorga valor a las cosas? Y si una escultura, un libro, una pintura tienen tremenda significación y valor ¿cuánto más valor tendrá aquello que dote de estimación a las cosas que son estimadas?

La frase anterior fue de Protágoras de Abdera, un sofista griego de los años 400 a.C., y con ella decía, según la entiendo yo, que es el mismo hombre el que hace importante o no algo; es el mismo hombre el que crea los valores: los valores, las normas y las cosas sólo existen porque está el hombre sabiéndolas, creándolas y significándolas.


Me preguntaba en su momento si tenía yo algo bueno. Esto fue algo clave en mi vida reciente.


Estaba absolutamente alicaído, desanimado y confuso. No veía ningún punto de partida, no sabía qué hacer. Nunca se me había presentado con real sentido la visión de que alguien, o sea, yo mismo, pudiese valer algo sólo por el hecho de constituirse humano. Entonces, me lancé a averiguar si tenía yo verdaderamente algo bueno pero con la firme voluntad de hacer, si yo descubría que no tenía nada o muy poco de bueno, todo lo posible para tener verdaderamente la posesión de algo bueno dentro mío. La idea de poseer por mí mismo algo bueno de la nada me daba cierto ánimo y empuje (es decir, crear yo por medio de mi voluntad y actividad alguna característica que yo considere buena y logre con ello un punto de estimación). Hablé con personas a las que consideraba que algo me conocían y les hice la pregunta: ¿ven algo bueno en mí?

Mis pensamientos rondaban por tres vertientes:
- La principal vertiente era que si yo tenía algo verdaderamente bueno -y si justo alguien me lo señalaba tras mi pregunta- mi yo, mi ser o mi esencia, o la cosa sin filtro dentro mío, no iba a intentar refutar lo que se me decía puesto que yo confiaba profundamente en que eso -mi cosa sin filtro- reconocería de entrada nomás, como una verdad incuestionable, lo bueno que se me dijera tenía: un igual no encuentra oposición*, me repetía. Por el contrario, si alguien me decía algo que no estuviese dentro del ámbito útil para mi propia estimación (como cuando alguien me decía que yo era simpático o creativo), encontraba fuerte oposición y refutaba tales apreciaciones. Pensaba que algo dentro mío debía haber que no se prestara al juego frecuente de mi aspecto crítico. Después de una respuesta del tipo vos sos simpático, creativo, sociable, etc. yo decía "de qué me sirve ser simpático", "no me siento bien ni me genera nada en lo absoluto al descubrirme simpático", "esa es una característica accesoria que puede o no servir para hacer cualquier cosa (los simpáticos y los antipáticos pueden lograr mismos resultados y la simpatía o su carencia no infieren en el resultado final", "eso es nada", etc., etc. Lo mismo con las expresiones de que soy creativo o de que conozco algunas cosas, esas fueron peores para mí, en el sentido de que eran muy fácil refutarlas: mi cosa con filtro se activaba con intensidad. Sin embargo, cuando me dijeron que era un chico noble y accesible mi yo no encontró, como bien lo había creído, ninguna oposición: yo soy noble y accesible. Mi cosa con filtro se desactivaba...yo tenía algo bueno...;

- La segunda vertiente tenía que ver con tener un punto de partida. Muy sabedor de todos mis males -y harto de conocerlos y reconocerlos- tenía que empezar de una vez por todas a cambiar ciertos pensamientos respecto de mí. Si por ahí yo descubría que no tenía nada bueno, me había dicho a mí mismo que iba a intentar fabricar lo bueno que quería tener, de la nada, es decir, desde el principio. Sin decaerme ni volver a basurearme por no tener determinadas características;

- La tercera vertiente tenía que ver con bajar un cambio: al ser yo muy idealista mis pensamientos se iban por cosas demasiadas altas, como la Libertad absoluta, el Conocimiento absoluto (jajaja ahora me río), el Amante perfecto, el Cuerpo perfecto, el Bien Supremo, el Servicio a los demás, el Liderazgo genuino respecto de algo (el barrio, la municipalidad, la provincia, el país, el mundo...jó jó jó). Debía pues, bajar unos cambios, tratar de fijarme unas metas que me sean posibles de lograr o experimentar en el corto y mediano plazo; no quería seguir esos ideales por ahora, los consideraba como una trampa y una ocasión para desvalorizarme una vez más (cuando me observaba muy lejos de siquiera acercarme a cumplirlos). Así empecé yendo al gimnasio y poniéndome la meta de intentar estar tranquilo esquina tras esquina, cuadra tras cuadra, mientras caminaba por las calles. Nada más. Lo segundo es en lo que aun sigo desde hace dos años. Y-nada-más.

Creo que sólo con el camino que transité puedo ahora darme cuenta del significado de lo que comenta Polaino-Lorente: "En el fondo, si la persona se estima a sí misma es porque se considera un valor, por tanto, un valor fundante de todos los demás valores que vendrán después (Home mensura, «El hombre es la medida»), y ese valor fundante no depende de los resultados; es decir, no hay una autoestima 'resultados' y una autoestima 'principios'. Hoy la sociedad subraya más la autoestima 'resultado' -la fórmula deWilliam James-...(...) El primer valor fundante es que, como la persona es un ser relativamente absoluto, vale y, como vale, debe ser estimado". He ahí lo que yo ahora más o menos comprendo.



La felicidad por sí misma

Mi viejo me habló una vez sobre si hay que tener razones para ser feliz o si se puede ser feliz sin razones. Estábamos en la vereda de su casa en Santiago, en la frescura de la noche. Me contó sobre una señora que limpiaba la vereda todas las tardes, que la barría con una escoba. La gente, sus vecinos, se preguntaban para qué esta señora barría una vereda cuando la misma estaba limpia. ¿Había, pues, una razón por la cual esta señora debía barrer con su escoba una vereda que se encontraba limpia? Un día, un muchacho se le acercó a la señora, quizás encomendado por su madre o por su curiosidad (tal vez para contestarme a mí la duda existencial), y le preguntó que por qué barría siempre la vereda limpia. Ella le contestó: -porque me hace sentir bien. Nada más.

Y es que en realidad no hay otra razón más clara para ser felices que su misma percepción
. No importa la utilidad en el mundo material de las cosas que hagamos si la finalidad última de lo que hacemos produce un bienestar. Y es por ello que esta señora encontraba bienestar en barrer una vereda limpia sin tener demasiadas razones para hacerlo, desde el punto de vista materialista, eficientista y utilitarista.

Si a una persona la educan en el conocimiento de que ella misma es quien da el valor a todas las cosas y, que por ello, es más importante que todo aquello que sea una
cosa, por el hecho de ser humana, las demás acciones que se desprendan de adoptar este conocimiento fundante tendrán una impronta de confianza y salud. El Respeto es un Valor pero no el concepto de respeto desde el punto de vista de acatar una norma, sino, desde la concepción de que respeto es aceptarse a uno mismo tal cual es. A mí me faltaron modelos fijos y constantes a seguir vinculados con el respeto hacia mí mismo y es por eso que ahora yo dedico considerable tiempo en este respecto. Respeto hacia sí mismo es dignidad, aceptación y conocimiento y, por sobre todo, un camino hacia la salud de la autoestima.

La importancia que tienen los valores en la autorrealización creo que puede llegar a ser igual a la importancia que tienen os hechos que surgen después de que uno se acepta a sí mismo tal cual es frente del espejo.

¡Saludos!


* Escribiré sobre esta frase en algún momento: un igual no encuentra oposición.