¿Qué harías tu?


Por el motivo que fuere, te encuentras obligado a convivir con una persona, al menos la ves una vez por día o una vez cada dos días, regularmente. Esta persona es mayor que vos. Tercera edad. El señor no cae del todo mal para alguien con cierta sensibilidad.
Algunas veces viene hacia donde vos estás y se sienta y lo ves renegar por la vida. Ahí mismo te diste cuenta que el señor se pone en papel de víctima. Ya sabes cómo es: la sociedad, la juventud, el gobierno, los conductores del transporte público, el clima y hasta su pierna derecha, son responsables de su emocionalidad y salud corporal. Todos contra él.

─ No tengo nada, la paso todo el día encerrado. Estoy harto de escuchar la misma radio. ¡Escuchá, ponen esa canción  más triste!
─ Don  Raúl, si quiere le cambio el dial a la radio.
─ No, si no se puede escuchar nada más, no sirve pa' mierda esa radio.
─ Don Raúl, está escuchando en AM, ponga FM que suele ser más variado.
─ ¡Pero si no sé cómo!
─ Mire, yo le muestro.
─ ¡No, dejá! ¡Dejá!
─ Pero ahí me acerco y le muestro cómo hacer para cambiar...
─ No, no sirve pa' mierda.



─ ¿Le gustan los libros?
─ Sí, alguna vez he leído.
─ ¿Qué libros le gustan?
─ No, ya no me acuerdo de ninguno.
─ Bueno, cómprese una revista.
─ ¿Tienes el diario?
─ No, no compro el diario.
─ ¿Ves, no hay nada qué leer?

─ ¡Chico, venga pa'cá! Le voy a contar algo.
─ Diga.
─ No es por nada, pero yo estuve con aproximadamente 800 mujeres.
─ ¡Impresionante, don Raúl! ¡Usted era un peligro parece cuando joven!
─ Sabía cómo tocarlas...¡ah, si te contara!

─ No veo esos programas de TV porque son una porquería.
─ ¿Pero no le gustan las chicas que aparecen?
─ ¡Es todo una degradación!
─ Bueno, la tele no es mía, estamos de visita, habrá que ver eso.
─ ¡Una por-que-ría!

─ Compré unas cosas y ya no me queda margen en la tarjeta. No tengo para comer, oíme.
─ Aguante don Raúl, dentro de poco va a poder cobrar su jubilación.
─ Mirá, las cajas de huevo ya están vacías y, ahí, en ese sector, había fideos y arroz.
─ Ahora no tengo dinero, don Raúl.
─ ¿No me quieres ir a pedir fiando un paquete de cigarrilos?
─ No voy a pedir fiado ni para mí... De ninguna manera.

─ ¿Me prestas 0,75 centavos para las pastillas?, me duele la pierna.
─ Mire, don Raúl, tengo lo justo... Deme.
─ Son estas pastillas, comprame tres.

─ ¿Me convidas un pan?
─ Aquí tiene.
─ No he comido nada.
─ Ahora a la noche comemos todos.
─ No, no quiero molestar.
─ No molesta.
─ Apenas estén comiendo yo me voy a levantar.
─ ¿No va a comer con nosotros? Mire que yo no puse nada, como hace dos días que me vienen invitando.
─ No, cuando molesto me voy.
─ ¡No molesta para nada, don Raúl!
─ Apenas coman, me voy.

─ ¿Me prestas un cospel?, es para ver si puedo ir a cobrar.
─ Mire don Raúl, le doy el único que tengo.
─ Gracias. Con esto me voy a ir para el Banco.
─ Que tenga suerte.

─ ¿No le gusta tocar la guitarra, el bombo, hacer algo, como escribir?
─ ¿Y para qué?
─ ¡Como para qué! Para estar haciendo algo.
─ No, no me interesa.
─ Pero entonces no reniegue.
─ Yo soy un señor de buen humor, pero la cabeza me da vueltas. Dito me dijo que me espera con el alquiler hasta la semana que viene.
─ Mire, estaba haciendo unas cosas, me voy yendo.
─ Perá, tomá, andá a comprarme un paquete de cigarrilos y dos pancitos. Luis me dio esta mañana dinero.
─ En 5 min. voy.

─ Parece que sos de buen corazón. Alguno de estos días voy a ser novedad.
─ ¡No me venga con eso, don Raúl! Justito yo he sido entrenado desde niño para amenazas de suicidio.
─ Estoy viejo y con este bastón. Antes caminaba una cuadra por minuto, ahora como cinco minutos por cuadra.
─ No puedo enseñarle nada, usted es más grande que yo...pero debe aprender a renunciar a las cosas de la juventud y recibir con gracia las de la vejez.
─ La cabeza me tiene loco.
─ Usted tiene un problema, y si reacciona a ese problema haciéndose un mal, tendrá dos problemas.
─ ¡Estoy viejo!
─ Por ahí se dice que Moisés dirigía el éxodo a los 80 años y que Rubistein interpretaba como ninguno a Chopin a los 90.
─ ¿Moisés?
─ Sí. ¿Se acuerda de San Martín? O mejor, de Belgrano. ¿Se acuerda?
─ ¿Qué pasa con esos?
─ Belgrano no tenía para comer y no se rindió. Además, dirigía a un gran grupo de soldados y estaba en el medio de una guerra.
─ ¡Con este bastón...!
─ ¡No me venga con lástimas! ¡Usted no vive una guerra ni tiene que andar dirigiendo a nadie. ¡Luche, párese! Yo también he sufrido.
─ ¡Bueno, bueno!
─ ¡Bueno, nada! Me voy a hacer unas cosas, déjese de joder con una mente que no le ayuda ni acompaña.

Ahora sabes que la vejez es algo mental. Es como un gran cúmulo de irreflexiones. Sabes que llega un momento en la vida de una persona que nunca se investigó, en donde los problemas simplemente ya no tienen solución. Ya no hay una mente que absorba nada. Ya hace tiempo que se dejó de aprender.
Por alguna razón, sabes todo acerca de su mente. La mente del señor es tu mente. También tienes alternativas para darle una solución y sabes que NO se te va a escuchar. ¿Qué harías? ¿La revolución psicológica puede ser explicada, comentada, señalada? ¿Qué haces cuando ves que una persona ya tomó su decisión y percibes cómo se degrada día tras día? ¿Redireccionas tu sensibiliadad? ¿Te vuelves sordos los oídos? ¿O sigues hablando de lo bello que es el mundo que todavía no conoces?

El infiero es aquí y ahora. Y es todo de don Raúl.


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Imagen
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1 comentario:

María Beatriz dijo...

Pienso que no todos los seres humanos evolucionamos igual. No todos tenemos un fuerte sentido de observación tan necesario en la evolución espiritual.
Pienso que uno debe mirarse a sí mismo pues tal vez, el hecho de habernos cruzado con don Raúl, sea motivo de aprendizaje acerca de uno mismo, ya sea para no repetir lo que hace él, sino también para ver los propios motivos que nos llevan a que su actitud nos fastidie y porqué queremos cambiarlo....

Un beso